Templo budista contemporáneo
Audioguía Wat Huay Pla Kang
Una colina de ruinas y cabañas de paja convertida desde 2005 en un templo donde una Guanyin blanca de 69 metros domina el paisaje y cada visitante ayuda a sostener un orfanato de niños de las etnias de montaña y un hospital gratuito.
- 60 min de audio
- Arquitectura chino-lanna
Templo budista levantado sobre las ruinas de un monasterio abandonado, al que el monje Phob Chok llegó el 19 de noviembre de 2005 y que recibió el permiso oficial de templo en 2009. Hoy reúne una Guanyin blanca de hormigón de 69 metros con un ascensor hasta su cabeza, la Phop Chok Dhamma Chedi, una torre de nueve pisos con tejados chinos y aguja birmana rodeada de 12 chedis pequeñas, y un ubosot de estuco blanco, en una mezcla de tradición china y lanna.
Mientras arriba la diosa de la compasión mira el horizonte, abajo, en el aparcamiento, quien lava el coche del visitante por 50 baht puede ser un hombre recién salido de prisión. Bajo el lema «Devolver buenas personas a la sociedad», el templo da trabajo y formación a niños de montaña y a expresidiarios, que aprenden disciplina, idiomas y a servir café; en 2022 ese café se vendía a 1 baht la onza, 20 baht el vaso grande.
Qué ver
- Guanyin blanca — 69 metros de hormigón y un ascensor de 25 plantas hasta su cabeza
- Sala de la cabeza — Estuco blanco tallado a mano con dragones y escenas budistas, con el paisaje visto por los ojos de la estatua
- Phop Chok Dhamma Chedi — Nueve pisos de tejados chinos y aguja birmana, rodeados de 12 chedis pequeñas
- Guanyin de sándalo — 7 metros de alto por 7 de ancho, tallada en 108 días
- Ubosot blanco — Escalera de nagas y un Buda blanco bajo un árbol plateado
En una colina al norte de Chiang Rai, una figura blanca del tamaño de un edificio asoma desde la carretera mucho antes de llegar. Es la gran Guanyin de Wat Huay Pla Kang (วัดห้วยปลากั้ง): la bodhisattva de la compasión en hormigón blanco, 69 metros de altura, casi lo que mide un edificio de 25 plantas. A su lado se levanta una torre de nueve pisos con tejados chinos y aguja birmana, y alrededor se reparten un ubosot de estuco blanco, las residencias de los niños del templo y un hospital. Hace dos décadas no había aquí nada de eso.
La historia de Wat Huay Pla Kang es muy reciente. Hasta 2005 la colina solo guardaba las ruinas de un templo abandonado entre la maleza. El 19 de noviembre de 2005 se instaló en ellas el monje Phob Chok, y los vecinos de la comunidad de Huay Pla Kang le ayudaron a restaurarlo. El 24 de julio de 2009 aquel retiro monástico recibió el permiso oficial de templo con su nombre actual, y Phob Chok pasó a ser su primer abad. Hay otra cronología: según algunas fuentes, los vecinos ya habían empezado a levantar un monasterio en el lugar en 2001, antes de la llegada del monje.
El monumento es también el escaparate de una obra social. El primer año, los vecinos llevaron al templo a dos huérfanos; en 2015 el templo mantenía a más de 700 huérfanos y ancianos. La residencia de las niñas, tres plantas y 28 habitaciones construidas con el apoyo del Banco de Vivienda del Gobierno tailandés, recibió el nombre de «Phob Chok Condo Dhamma», el condominio del Dharma de Phob Chok, y ese mismo año alojaba a más de 200 niñas, desde preescolar hasta la universidad, de seis a ocho por cuarto. Un dormitorio de huérfanas bautizado con vocabulario inmobiliario de Bangkok resume bien el tono del lugar.
La arquitectura de Wat Huay Pla Kang cruza China, el norte de Tailandia y Birmania: dragones de colores, tejados de teja rematados con dragones, una aguja campaniforme y salas de estuco tallado. Para saber qué ver en Wat Huay Pla Kang, la audioguía lo recorre en cuatro paradas y 60 minutos: de la base de la Guanyin a la sala de su cabeza, y de la escalera de dragones de la chedi al ubosot blanco. El hilo que las une es uno solo: el coloso que se ve desde la carretera no es un capricho monumental, sino la fachada de una obra de caridad reciente y frágil que cada visita ayuda a mantener en pie.
Otro templo blanco levantado sobre uno anterior es el Templo Blanco de Chalermchai Kositpipat, al sur de la ciudad. Más cerca, a unos 5 km, quedan el Templo Azul y Wat Phra Kaew, donde en 1434 apareció el Buda Esmeralda.
Una Guanyin de 69 metros sobre ruinas
Wat Huay Pla Kang
Resumen de esta parada
El recorrido empieza a los pies de la Guanyin blanca, la estatua que domina la colina. Su base la rodea una escalera exterior de acceso gratuito, y por dentro la recorre un ascensor. Las cifras de su altura no coinciden del todo: la más repetida es 69 metros, equivalente según unas fuentes a 23 plantas y según otras a casi 25, mientras que otras descripciones del propio templo hablan de 79. En septiembre de 2015 todavía estaba en obras.
La desproporción se entiende mejor mirando atrás. Cuando Phob Chok llegó en 2005, lo primero que se levantó fue una sala de meditación y unas celdas de monje de madera con techo de hierba ya kha. Entre aquellas cabañas de paja sobre un templo en ruinas y el coloso de hormigón media una distancia difícil de imaginar.
Hay además un malentendido en el propio apodo del lugar: el complejo es conocido popularmente como el «Gran Buda» de Chiang Rai. La figura gigante, sin embargo, representa a Guanyin, bodhisattva de la tradición mahayana, y no a un Buda. Al pie de la estatua, la audioguía cuenta quién es realmente la figura que mira desde lo alto y por qué está aquí.
Mirar el norte por los ojos de Guanyin
Sala de la cabeza de la Guanyin
Resumen de esta parada
La subida tiene su propio prólogo. Antes de entrar en el ascensor, quienes reciben al visitante y pulsan el botón son jóvenes vestidos con uniforme de estilo militar o con qipao chino, que hablan varios idiomas. Así lo encontraron en 2022 unos estudiantes de visita en el templo, mientras el abad Phob Chok les ponía acertijos y les contaba cuentos morales: una mezcla de cuartel, salón chino y hotel difícil de encontrar en otro lugar.
El ascensor sube 25 plantas hasta la cabeza de la estatua. Arriba espera una sala enteramente blanca, de estuco tallado a mano con dragones y escenas budistas, abierta al exterior por ventanas situadas a la altura de los ojos y de la frente de la Guanyin.
La rareza del lugar está en el punto de vista: el paisaje del norte de Tailandia se contempla desde dentro de la cabeza de la diosa, a través de su mirada. En la sala blanca, la narración desvela qué hay detrás de esas ventanas y de los relieves que las rodean.
La torre que el abad vio en sueños
Chedi de nueve pisos
Resumen de esta parada
La Phop Chok Dhamma Chedi lleva el nombre de su abad y apila nueve niveles triangulares, con tejados de teja de estilo chino rematados con dragones y una aguja campaniforme de estilo birmano. A su base la rodea una corona de 12 chedis pequeñas, y a la escalera principal se sube entre dos grandes dragones chinos de colores que hacen de barandilla. Su diseño nació de un nimit, una visión en sueños que Phob Chok tuvo sobre esta colina.
El soñador llegó tarde a la vida monástica. Nació como Phob Chok Maphaisankit el 13 de julio de 1959, cuarto hijo de una familia de comerciantes chinos de Tha Muang, en Kanchanaburi, y no se ordenó monje hasta el 26 de octubre de 1997, a los 38 años, en Wat Bang Krawan Ram (Ratchaburi). Para levantar la torre, un ingeniero de Bangkok se ofreció a construirla y el empresario taiwanés Chen Xian Bao puso el dinero; los primeros pilotes se clavaron el 26 de abril de 2007.
Dentro se sienta una Guanyin de sándalo aromático traído de China, Myanmar e India, tallada en 108 días, de 7 metros de ancho y 7 de alto; en otras plantas aparecen otras formas de Guanyin y budas tallados. Según una tradición local documentada, cada forma atiende una petición distinta: a la Guanyin sanadora se le pide la curación, a la de tres caras que somete a los demonios, saldar las deudas kármicas con los acreedores de vidas pasadas, y a otras, ascensos o que el dinero vuelva a correr. Junto a la escalera de los dragones, la audioguía explica cómo funciona esta torre de ventanillas espirituales.
Un saco de arroz para los niños de la colina
Ubosot blanco
Resumen de esta parada
El ubosot blanco, la sala de ordenación, se alcanza por una escalera flanqueada de nagas; dentro, el Buda principal, también blanco, se sienta bajo un árbol plateado. Pero el gesto de mérito más propio de este templo no es la vela ni la flor, sino un saco de arroz: el visitante compra una bolsa por 100 baht y la ofrece, y ese arroz se cocina para los huérfanos y los niños de las etnias de montaña que viven en la colina.
Esos niños están detrás de buena parte de lo que se ve. En 2015, más de la mitad de los menores acogidos pertenecían a etnias de montaña, sobre todo akha y lahu, además de yao, karen, hmong y chinos haw. Ese año, tras cada comida y en tandas de 50 a 80, los niños formaban fila ante el abad, recitaban el Dharani Sutra a Guanyin y recibían su paga del día: 10 baht en infantil y primaria, hasta 100 los universitarios.
La obra se amplió con un hospital de 90 camas, construido con más de 730 millones de baht en donativos y abierto el 1 de diciembre de 2022, que atiende cada día a unas 300 personas, gratis para quienes no tienen recursos. Su equilibrio es frágil: en junio de 2026, con un gasto mensual de más de 6 millones de baht y menos visitantes tras la subida del combustible, al hospital le quedaban fondos para unos dos meses. Ante la escalera de nagas, la última parada de la audioguía cierra el círculo entre la estatua, el saco de arroz y quien sube a la colina.