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Templo Blanco

Foto: Chainwit., CC BY 4.0

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Audioguía Templo Blanco (Wat Rong Khun)

Chiang Rai · 5 paradas · 90 min

El viejo templo de un pueblo de Chiang Rai, nacido junto a un arroyo de agua turbia, que un pintor del lugar rehace a su costa desde 1997 en yeso blanco y espejos, con un infierno de iconos pop escondido en su interior.

  • 90 min de audio
  • Arte budista contemporáneo

Wat Rong Khun toma su nombre del pueblo de Ban Rong Khun, fundado hacia 1887 por unas pocas familias junto a un arroyo de agua turbia. Su primer ubosot, de 1964, se derribó en ruinas en 1995, y la obra del nuevo se quedó a medias con la crisis económica tailandesa. En 1997 el pintor Chalermchai Kositpipat, nacido en el propio pueblo, se ofreció a terminarlo con su dinero y a su gusto: una sala enteramente blanca, cuajada de fragmentos de espejo, con tejado de tres niveles y profusión de serpientes naga.

Frente al blanco del ubosot, que representa la mente, se alza un edificio dorado y muy ornamentado que representa el cuerpo y el apego al dinero. Alberga los aseos. Y fue precisamente ese aseo el que en 2015 llevó al artista a vetar la entrada a todos los turistas chinos, un veto que levantó en poco más de un día y que acabó con él admitiendo que el que no estaba preparado era él.

Qué ver

  • Puente de las manos — Cientos de manos de estuco que simbolizan el deseo antes de la Puerta del Cielo
  • Ubosot blanco — Yeso y fragmentos de espejo bajo un tejado de tres niveles poblado de nagas
  • Murales del infierno pop — Michael Jackson, Neo y Freddy Krueger entre llamas naranjas
  • Edificio dorado — Los aseos del recinto, alegoría del cuerpo y del dinero frente a la mente blanca
  • Campanario de 2016 — Una campana de dorado casi negro junto al árbol bodhi

A las afueras de Chiang Rai, el Templo Blanco (วัดร่องขุ่น, Wat Rong Khun) deslumbra desde lejos: una sala de ordenación enteramente blanca, salpicada de fragmentos de espejo que devuelven el sol, rodeada de serpientes naga, figuras de demonios y un estanque. Parece una postal, pero es una obra viva, inacabada y polémica. La levanta desde 1997 un vecino del pueblo, el pintor Chalermchai Kositpipat, con su propio dinero, sus propios planos y un carácter que más de una vez ha llegado a los periódicos.

La historia de Wat Rong Khun empieza mucho antes del yeso y los espejos. Hacia 1887, año 2430 de la era budista, unas pocas familias se asentaron a cultivar junto a un pequeño arroyo de agua turbia que desagua en el río Mae Lao; de ese arroyo turbio sale el nombre del pueblo, Ban Rong Khun, y el del templo. El primer ubosot lo construyó en 1964 el abad Phra Sawai Chakharo; en 1995 estaba tan ruinoso que ya no servía para los ritos, y se derribó. La obra del nuevo arrancó en febrero de 1996 y se paró casi enseguida, sin fondos, con el estallido de la burbuja económica tailandesa. Por eso unas fichas fechan el comienzo en 1996 y otras en 1997, el año en que el pintor asumió el proyecto: las dos fechas cuentan partes distintas de la misma historia.

La arquitectura de Wat Rong Khun se lee como un sermón en piedra y estuco. El camino hasta el ubosot cruza un puente sobre el estanque, ante un mar de manos tendidas que simbolizan el deseo desenfrenado; el ubosot blanco representa la mente, y el edificio dorado que lo contrapesa, el cuerpo y el apego al dinero. Dentro, el blanco da paso a llamas naranjas y a caras de demonios entre las que asoman personajes del cine y de la actualidad. Esa mezcla de iconografía budista y cultura pop ha sido tachada de sacrílega por algunos, y el templo no recibe apoyo económico del Estado, a diferencia de otros templos tailandeses. Chalermchai, que ha invertido más de 40 millones de baht, limita cada donativo a 10 000 baht para que ningún gran donante pueda influir en la obra.

El artista defiende el templo con la misma terquedad con que lo construye. En febrero de 2017, cuando aparecieron en aeropuertos y supermercados de Tailandia unas cajas de chocolate fabricadas en China con la imagen del templo, convocó a la prensa para proclamar que Wat Rong Khun pertenece a los ciudadanos de Tailandia y que ni su propia familia puede hacer negocio con él. La empresa acabó pidiéndole perdón, y él aceptó a cambio de que retirasen las cajas y donasen 500 000 baht a una escuela para ciegos de Chiang Rai. Dos años antes, en septiembre de 2015, una de las fotos de una sesión con una modelo china le indignó tanto, por irrespetuosa con la religión, que el propio pintor terminó posando ante las cámaras para enseñar cómo debía hacerse.

En la parte trasera del recinto, pasada la vivienda del abad, un arco blanco con el letrero «pozo de los deseos» da paso a un estanque con un loto de varios pisos en el centro. Los visitantes piden un deseo en silencio y lanzan monedas para que se queden en el piso más alto, aunque casi nunca lo consiguen, y el fondo está alfombrado de monedas de baht. Desde las ramas cercanas los observa una galería de cabezas blancas de papel maché de villanos de cine, de Freddy Krueger a Hellboy.

Para saber qué ver en Wat Rong Khun, la audioguía lo recorre en cinco paradas y 90 minutos: la explanada de entrada, el estanque de las kinnaree, el puente de las manos, el interior de los murales y el edificio dorado. Nadie da una fecha firme para el final de la obra: se maneja 2070 como horizonte y, en 2017, se hablaba todavía de al menos otros cincuenta años. Es un templo que se visita mientras se construye.

El dicho que opone el cielo de Chalermchai al infierno de Thawan se completa al norte de la ciudad, en la Casa Negra. El Templo Azul es obra de Sala Nok, formado junto a Chalermchai en este mismo templo, y Wat Huay Pla Kang es otro templo blanco reciente levantado sobre las ruinas de uno anterior.

Un templo blanco con nombre de agua turbia

Wat Rong Khun

Resumen de esta parada

El recorrido arranca en la explanada de entrada, frente al ubosot. Desde aquí el edificio se ve entero, cegador, con su tejado de tres niveles y ante él varias imágenes de Buda meditando. Cuesta asociar esa imagen al nombre que lleva: Rong Khun alude al pequeño arroyo de agua turbia junto al que, hacia 1887, unas pocas familias se instalaron a cultivar, a un paso del río Mae Lao.

El templo de ese pueblo tuvo una vida modesta. El abad Phra Sawai Chakharo, al frente desde 1956, levantó el primer ubosot en 1964. Treinta años después estaba tan deteriorado que no servía para los ritos y lo ocupaba una gran colonia de murciélagos; se derribó el 3 de junio de 1995. El 3 de febrero de 1996 empezó la obra del nuevo, pero solo llegó a terminarse la estructura del cuerpo central antes de que la crisis económica tailandesa dejara al templo sin dinero.

Ahí entra en escena Chalermchai Kositpipat, nacido en el propio Ban Rong Khun. En 1997, con 42 años, se ofreció a terminar el ubosot de su bolsillo, cambió los planos a su gusto y abrió el recinto a los visitantes. Ante la fachada, la audioguía cuenta cómo un templo de pueblo en ruinas acabó convertido en la obra de toda una vida.

La fachada que su autor quiso derribar

Estanque de las kinnaree

Resumen de esta parada

A orillas del estanque, ante el ubosot, se alzan dos kinnaree, figuras mitad mujer mitad ave de la mitología budista. Desde este punto la fachada parece perfecta, y por eso sorprende lo frágil que llegó a ser. El 5 de mayo de 2014 un terremoto de magnitud 6,3 con epicentro en Mae Lao desconchó los muros del ubosot, hizo saltar azulejos, partió la aguja del relicario y dañó las pinturas. El templo cerró desde el día siguiente. El alcance real de los daños sigue contándose de formas distintas: unas versiones hablan de pinturas totalmente perdidas; el dictamen de los ingenieros, de daños parciales.

El 6 de mayo Chalermchai anunció que demolería el templo y no lo reconstruiría. Al día siguiente, después de que un equipo de ingenieros certificara que la estructura estaba sana, prometió restaurarlo en dos años, y el recinto reabrió el 8 de mayo. Qué hubo detrás de aquel anuncio es una historia discutida: según una de las versiones, el propio artista reconoció ese mismo 7 de mayo que había sido un golpe de efecto para comprobar si al Gobierno le importaban el templo y los pueblos de alrededor, y ese día recibió promesas de ayuda del Gobierno, de empresas, del ejército de Chiang Rai y de varias universidades.

Dos meses después, el 19 de julio de 2014, la provincia de Chiang Rai celebró aquí un sueb chata mueang, el rito norteño para alargar el destino de la ciudad, con procesión y nueve monjes cantando, para devolver el ánimo a la población. Junto al estanque, la narración se detiene en los días en que el Templo Blanco pareció condenado.

Manos que suplican antes del puente

Manos bajo el puente

Resumen de esta parada

Al ubosot no se llega en línea recta: el acceso cruza un puente blanco sobre el estanque, y el camino está pensado como un relato que se recorre con el cuerpo. Ante el puente brotan del suelo cientos de manos de estuco que se estiran hacia quien pasa; simbolizan el deseo desenfrenado y el sufrimiento. En el arranque del puente esperan las fauces de Mara, el rey de los demonios, figura de las pasiones del corazón que hay que dejar atrás.

El puente representa el paso del ciclo de renacimientos hacia la tierra de Buda, y en sus barandillas asoman figuras de asuras. Al otro lado, la Puerta del Cielo la custodian dos figuras gigantes que representan a la Muerte y a Rahu, el que decide el destino de los muertos.

Cruzar este tramo es pasar del deseo a la mente, del mundo de las manos que suplican al blanco del ubosot. A la entrada del puente, la audioguía desgrana el sentido de cada figura del camino.

Neo y Michael Jackson entre las llamas

Murales del ubosot

Resumen de esta parada

Dentro del ubosot el blanco se acaba. Los murales estallan en llamas naranjas y caras de demonios, y entre ellas aparecen rostros conocidos: Michael Jackson, Neo de Matrix, Freddy Krueger y un Terminator T-800, junto al atentado contra el World Trade Center. El infierno de este templo está poblado por el mundo contemporáneo. En el interior no se permite fotografiar, así que estas pinturas solo se ven en persona.

La mezcla no ha gustado a todos: hay quien la considera sacrílega. Y no es la primera vez que la obra de Chalermchai provoca ese debate. Entre 1988 y 1992 pintó los murales del templo tailandés Buddhapadipa de Londres, criticados desde su inauguración por quienes sostenían que aquello no era arte tailandés auténtico.

Ante los murales, la audioguía explica por qué un pintor acusado de no hacer arte tailandés decidió llenar de iconos pop el corazón de un templo budista.

El oro que guarda los aseos

Edificio dorado de los aseos

Resumen de esta parada

El recorrido termina ante un edificio dorado y muy ornamentado, el gran contrapunto del ubosot. Si el blanco representa la mente, el oro representa el cuerpo y el apego al dinero. Dentro están los aseos. Y el dinero, aquí, tiene sus propias reglas: Chalermchai paga la obra de su bolsillo, con más de 40 millones de baht, y limita cada donativo a 10 000 baht. Durante sus primeros 19 años la visita fue gratuita; desde el 1 de octubre de 2016 los extranjeros pagan entrada, 50 baht entonces y 200 desde el 1 de enero de 2026, con la cueva-exposición incluida, mientras los tailandeses siguen entrando gratis.

Ese aseo protagonizó uno de los episodios más sonados del templo. A primeros de febrero de 2015 un visitante tailandés se quejó del estado en que lo había encontrado, y el artista, furioso, prohibió la entrada a todos los turistas chinos: autobuses enteros tuvieron que conformarse con fotografiar el templo desde el aparcamiento. Pensaba cerrar tres días, pero levantó el veto en poco más de un día al ver que era injusto con quienes se portaban bien. Avisó de que, si volvía a pasar, los guías limpiarían con sus propias manos. Un año después lo resumió con una frase brusca: el que no estaba preparado era él. Renovó los aseos con una inversión de unos 10 millones de baht y contrató personal que habla chino.

Hacia los jardines traseros, junto al árbol bodhi, se alza el campanario inaugurado en octubre de 2016 ante más de 2 000 personas vestidas de blanco: un arco dorado de dos pilares con una gran campana de un dorado oscuro casi negro, que debía tener una gemela para Camboya que nunca se hizo. La bendijo el abad Phra Khru Chakhariyanuyut, el mismo monje Sawai que había levantado el ubosot de 1964. Frente al oro de los aseos, la última parada de la audioguía cierra el círculo de un templo que empezó y sigue siendo cosa del pueblo.

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