Torre-reloj Ming
Audioguía Torre de la Campana (Zhonglou)
Una torre Ming de 36 metros que en 1582 se desmontó pieza a pieza y se volvió a montar un kilómetro más al este para seguir en el centro exacto de la ciudad amurallada, hoy en mitad de una rotonda donde se cruzan las cuatro grandes avenidas de Xi'an.
- 40 min de audio
- Dinastía Ming
La torre se levantó en 1384, año 17 de la era Hongwu, junto al templo taoísta de Yingxiang, en la boca de la calle Guangji. Pero la ciudad creció hacia el este, se rehicieron las puertas, se trazaron las cuatro calles Este, Sur, Oeste y Norte, y la torre quedó descentrada. En 1582 se trasladó a su sitio actual con un basamento nuevo y su propio cuerpo de madera. Desde entonces marca el cruce: 36 metros del suelo a la cúspide, un zócalo de ladrillo de 35,5 metros de lado y un tejado de triple alero verde sobre solo dos plantas, rematado por un pináculo dorado.
Su campana tiene una historia más extraña que la propia torre. La Jingyun, fundida en bronce en 711 con una inscripción caligrafiada por el emperador Ruizong, ya no está aquí: en 1953 se llevó al Museo del Bosque de Estelas y en la esquina noroeste cuelga desde 1997 una réplica. Ya no se golpea, pero su sonido, grabado por la Radio Nacional Central de China, despide el año cada Nochevieja china. Y cuenta la leyenda que, mientras colgaba en la torre, enmudeció.
Qué ver
- Basamento y arcos tapiados — 35,5 m de lado y el antiguo cruce de las cuatro avenidas bajo la torre
- Réplica de la campana Jingyun — 6,5 toneladas en la esquina noroeste, copia de la campana Tang de 711
- Estelas de la pared oeste — La crónica del traslado de 1582 y de la restauración de 1740
- Puertas con relieves — 64 escenas de historias clásicas, con los Ocho Inmortales cruzando el mar
- Balcón de la planta alta — Las cuatro avenidas hacia la muralla y la Torre del Tambor a unos 200 m
En el corazón de la ciudad amurallada de Xi’an, donde las calles Este, Oeste, Sur y Norte se encuentran en una rotonda de tráfico incesante, se alza la Torre de la Campana (西安钟楼, Zhonglou). Es una torre-reloj Ming de 36 metros, levantada en 1384 y trasladada en 1582 para seguir ocupando el centro de una ciudad que se había desplazado hacia el este. Ese gesto, desmontar un edificio y volver a montarlo con sus propias piezas a un kilómetro de distancia, resume su razón de ser: marcar el corazón y la hora de Xi’an.
La historia de la Torre de la Campana no se detiene en los Ming. En 1740 el gobernador Zhang Kai la restauró; en 1927 Shi Lin, recién vuelto de estudiar en Estados Unidos, abrió en ella un cine sonoro, el primero de la historia de la ciudad; el 10 de octubre de 1939 un bombardeo aéreo japonés la dañó gravemente, y durante la guerra contra Japón sirvió de puesto de alarma antiaérea, mientras el Kuomintang usaba los pasos abovedados de su basamento para encerrar e interrogar a presos. Sobre su origen circulan también dos leyendas: una dice que se construyó para encadenar a un dragón subterráneo culpable de los terremotos de Guanzhong; otra, que debía frenar la «energía de dragón» que amenazaba el trono de Zhu Yuanzhang. La documentación conservada, en cambio, la describe como una torre para dar la hora y la alarma.
Su arquitectura se lee de abajo arriba. Un zócalo cuadrado de ladrillo gris de 8,6 metros de alto sostiene un cuerpo de madera de dos plantas con tres aleros de teja vidriada verde oscuro, coronado por un pináculo de madera recubierto de oro que en 2020 se redoró por primera vez en 25 años. Las puertas rojas de las cuatro caras, en ambas plantas, llevan 8 relieves cada una, 64 en total, con historias clásicas chinas; en los pilares de la planta alta, los pareados caligrafiados son añadidos recientes. Y al caer la noche, con la torre iluminada, se ha puesto de moda acudir vestido con hanfu, la indumentaria tradicional china, para fotografiarse con el edificio de fondo y los coches girando alrededor.
Para saber qué ver en la Torre de la Campana, la audioguía la recorre en cuatro paradas y 40 minutos: desde la acera de la rotonda, por el paso subterráneo, hasta el basamento con la réplica de su campana Tang, las estelas de la sala baja y el balcón de madera, con las avenidas y la Torre del Tambor a la vista. El hilo es uno solo: el centro de Xi’an no es un punto fijo, sino una decisión.
A poca distancia quedan el Barrio Musulmán, junto a la Torre del Tambor, y el Bosque de Estelas, pegado a la muralla sur; ya fuera del recinto, al sur, se alza la Pequeña Pagoda de la Oca Salvaje.
Cuatro avenidas y un cruce tapiado
Torre de la Campana de Xi'an
Resumen de esta parada
Desde la acera, la torre aparece en medio de la gran rotonda, justo en el punto donde arrancan las cuatro avenidas que llevan a las puertas de la muralla. No siempre estuvo ahí, y el lugar tampoco fue siempre el centro: con la ampliación de la ciudad a comienzos de los Ming, el núcleo urbano se desplazó hacia el este, y unos dos siglos después se rehicieron las puertas y se trazaron las calles Este, Sur, Oeste y Norte. La torre tuvo que seguirlas.
El basamento guarda la huella de aquel cruce. En el centro de cada lado del zócalo, de 35,5 metros de lado y 8,6 de alto, se abre un arco de unos 6 metros; los cuatro se cruzaban dentro formando una cruz, y por ellos pasaban gente y carros de una calle a otra. El tráfico acabó cerrándolos, y hoy a la torre se llega por un paso subterráneo circular bajo la rotonda.
La estampa tuvo otra vida. Durante una época tras la fundación de la República Popular en 1949, cada Primero de Mayo y cada Primero de Octubre la torre se convertía en tribuna desde la que las autoridades presidían desfiles, revistas y actos de celebración. En la acera, la audioguía abre el recorrido leyendo en esos arcos tapiados el cruce que un día atravesaba la torre.
Una campana Tang que perdió la voz
Réplica de la campana Jingyun
Resumen de esta parada
En la esquina noroeste del basamento cuelga una campana de bronce de 2,45 metros y 6,5 toneladas. Es una copia, colgada el 30 de enero de 1997, con la decoración y la inscripción imitadas del original: la campana Jingyun, fundida en 711, de unas 6 toneladas y 247 centímetros, que lleva en su cara frontal una inscripción de 292 caracteres compuesta y caligrafiada por el propio emperador Ruizong, Li Dan. La auténtica salió de la torre en 1953 hacia el Museo del Bosque de Estelas.
Cuenta la leyenda que, en tiempos de los Ming, la campana Jingyun enmudeció en esta esquina sin que nada hubiera cambiado en el edificio, y que hubo que fundir otra, mucho más pequeña, de unas 5 toneladas. La misma leyenda remata que la vieja campana Tang recuperó la voz al llegar al Bosque de Estelas.
La historia documentada ofrece otra explicación. En 1740, durante la restauración, el gobernador Zhang Kai comprobó que la sala cerrada ahogaba el sonido de la campana y la sacó al exterior para que la hora se oyera lejos. Frente a la réplica, la narración enfrenta las dos versiones del silencio.
La torre que se mudó un kilómetro
Estelas de la pared oeste
Resumen de esta parada
En la pared oeste de la sala de la planta baja se conservan tres estelas: la de la restauración de 1953, la del «Registro de la restauración de la Torre de la Campana de Xi’an» tras las obras de 1740 y la «Canción del traslado al este de la Torre de la Campana», de Gong Maoxian. Esta última cuenta el episodio más singular del edificio.
La torre se construyó en 1384, año 17 de la era Hongwu, junto al templo taoísta de Yingxiang, en la boca de la calle Guangji, frente a la Torre del Tambor y a unos 1.000 metros de donde está hoy. En 1582, décimo año de la era Wanli, el censor de Shaanxi Gong Maoxian hizo que los magistrados de Xianning y Chang’an la trasladaran al nuevo centro. Solo se construyó un basamento nuevo: el cuerpo de madera se volvió a montar con las piezas originales. Ante las estelas, la audioguía reconstruye cómo un edificio entero cambió de sitio para seguir siendo el centro.
Campana al alba, tambor al ocaso
Balcón de la planta alta
Resumen de esta parada
El recorrido termina en el balcón de la planta alta. Desde allí, las cuatro avenidas salen rectas hacia las puertas de la muralla y, al noroeste, a unos 200 metros, asoma la Torre del Tambor, su pareja en la medida del tiempo. El Museo de las Torres de la Campana y del Tambor, nacido en 1953 como sala de exposiciones de la Torre del Tambor y con ese nombre desde 2008, mantiene una representación de época del «campana al alba, tambor al ocaso».
Este balcón fue también un puesto de vigía. Según la tradición documentada, durante la revolución de 1911 que derribó a la dinastía Qing, las tropas imperiales se hicieron fuertes en la torre y los sublevados las combatieron aquí con dureza. Décadas después, su altura la convirtió en puesto de alarma antiaérea durante la guerra contra Japón.
La campana original ya no se golpea para protegerla, pero su voz no se ha apagado: la Radio Nacional Central de China la grabó, y ese sonido se emite cada Nochevieja china como campanada de despedida del año. En lo alto de la torre, la última parada de la audioguía une la hora del imperio con la campanada que hoy despide el año.