Patrimonio UNESCO
Audioguía Pequeña Pagoda de la Oca Salvaje (Xiaoyanta)
Una torre Tang de ladrillo levantada para guardar las escrituras que el monje Yijing trajo de la India por mar: perdió su cima en el terremoto de 1556 y arrastra cinco siglos de grietas que, según las crónicas, se abrieron y se cerraron con los temblores.
- 50 min de audio
- Dinastía Tang
El templo Jianfu nació en 684 de una casa imperial: cien días después de la muerte del emperador Gaozong, la antigua residencia de su hijo Zhongzong se convirtió en templo, llamado primero Xianfu y rebautizado Jianfu por la emperatriz Wu Zetian en 690. La pagoda llegó en la era Jinglong (707–710) para guardar los sutras que el monje Yijing había traído de la India, adonde viajó por mar desde Cantón; aquí tradujo la obra más importante después de la de Xuanzang. Es el ejemplo más antiguo de pagoda Tang cuadrada de ladrillo con aleros densos. Las guerras del final de los Tang arruinaron el templo y solo sobrevivió la torre, hasta que hacia la era Yuanyou (1086–1094) el templo se trasladó a su patio.
Lo más extraño está escrito en piedra. En 1551, el funcionario Ming Wang He grabó sobre la puerta norte que el terremoto de 1487 había abierto la torre de arriba abajo con una grieta de un chi, unos 30 centímetros, tan ancha que los transeúntes veían la luz a través, y que tras otro terremoto, a finales de la era Zhengde, la pagoda quedó como antes en una sola noche: la gente lo llamó «shen he», la unión divina. Cinco años después de aquella inscripción, el gran terremoto de 1556 le arrancó los dos pisos superiores. Si aquellos cierres fueron un prodigio, una generalización legendaria o la respuesta de un cimiento en forma de cuenco, todavía se discute.
Qué ver
- Pagoda Tang de ladrillo — Trece aleros cada vez más juntos y una cima mellada, sin pináculo, desde el terremoto de 1556
- Puertas de piedra verde — Apsaras músicos, aves kalavinka, volutas y nubes grabados en época Tang
- Inscripción de Wang He — El relato de 1551 de una grieta por la que los transeúntes veían la luz
- Campana Jin de 1192 — 3,55 metros y unos 8.000 kilos, rescatada de la orilla del río Wei
- Estelas de los exámenes militares — Los nombres de los aprobados Ming y Qing, entre sóforas milenarias
En Xi’an, la antigua Chang’an de los Tang, se alza la Pequeña Pagoda de la Oca Salvaje (小雁塔, Xiaoyanta), una torre cuadrada de ladrillo levantada en la era Jinglong del emperador Zhongzong, entre 707 y 709 o 710 según las fuentes, para guardar las escrituras budistas que el monje Yijing trajo de la India. En la ciudad Tang, el patio de la pagoda ocupaba el barrio de Anren, separado por una calle del templo Jianfu, que quedaba en el de Kaihua, y la torre se levantaba a unos 190 metros del eje de la avenida Zhuque, la gran arteria norte-sur de casi 130 metros de anchura.
La historia de la Pequeña Pagoda de la Oca Salvaje es la de un superviviente. Las guerras del final de los Tang arruinaron el templo y solo quedó la torre; hacia 1086–1094 el templo ya se había mudado a su patio. Entre 1926 y mayo de 1949 lo ocupó el ejército nacionalista, desde 1938 como cuartel y con la pagoda como alto mando militar, y en 1949 se encontraron numerosas huellas de bala en su cuerpo. Los relatos de aquel año cuentan además que, con la gestión del monumento en el vacío tras la llegada del nuevo régimen, los vecinos se llevaron a sus casas el mobiliario y los objetos del templo, incluidos los de la pagoda. Después vinieron más vidas: escuela pública para estudiantes llegados del Tíbet en los años cincuenta, centro de exposiciones durante el Gran Salto Adelante, escuela socialista y, en la Revolución Cultural, recinto del Ejército Popular de Liberación, que no cedió del todo su gestión a los servicios de patrimonio de Xi’an hasta los años noventa.
Su arquitectura se lee de abajo arriba: una planta baja alta y luego trece aleros cada vez más juntos, con un perfil que se curva hacia dentro y termina en un remate plano y mellado. En 1989 se midieron 43,4 metros de altura y 11,38 metros de lado en la base, aunque otras fuentes dan 43,3 o 43,395 metros. La plataforma, mucho más ancha que la torre, y el ladrillo recrecido de la planta baja delatan el alero de madera que rodeaba el primer piso y que desapareció en el siglo XIII. En el eje del templo, el pabellón Cishi, de época Ming y doble alero, conserva la placa de madera «敕赐荐福寺» escrita por el emperador Ming Yingzong.
La ciudad moderna se ha reorganizado alrededor de la torre. En 2013 Xi’an trazó a su alrededor una zona de amortiguamiento con franjas de altura máxima, de zona sin edificación a 9, 12, 18, 24, 36, 60 y 100 metros, calculadas con análisis de visuales para que siga siendo un hito; el 22 de junio de 2014 la pagoda entró en la lista de Patrimonio Mundial dentro de las Rutas de la Seda del corredor Chang’an-Tianshan. Para saber qué ver en la Pequeña Pagoda de la Oca Salvaje, la audioguía recorre el recinto en cuatro paradas y 50 minutos de narración, de la campana Jin a la pagoda y sus dos caras, hasta las estelas bajo las sóforas. El hilo es uno: esta torre mellada no es una ruina detenida, sino un edificio que se ha roto, cerrado, ceñido con hierro y vaciado.
Su hermana mayor, la Gran Pagoda de la Oca Salvaje, guardó los sutras de Xuanzang algo más al sureste. A poco más de un kilómetro al norte empieza la Muralla de Xi’an, que encierra las calles del Barrio Musulmán.
Una campana Jin rescatada del río
Pabellón de la campana Jin
Resumen de esta parada
El recorrido empieza en el pabellón de la campana, al este del eje, donde cuelga una campana de hierro fundida en 1192, en tiempos de la dinastía Jin: mide 3,55 metros y pesa unos 8.000 kilos. No nació aquí. Colgaba en el templo Chongjiao de Wugong, junto al río Wei, y quedó enterrada en la orilla cuando una riada destruyó el templo. Cuenta la leyenda que, ya en época Qing, una lavandera oyó un golpe de metal bajo el agua y avisó a las autoridades; al buscar en el lugar apareció la campana, perdida durante más de cuatrocientos años. Rescatada en la era Kangxi, se trajo junto a la pagoda.
Su toque matinal dio nombre a «la campana matinal de la Pagoda de la Oca», una de las Ocho Vistas de Guanzhong, consagrada en un poema del poeta Qing Zhu Jiyi. Otra leyenda atribuye la costumbre al propio Yijing, que habría pedido al abad que se tocara una campana al amanecer para levantarse a rezar y a traducir. En época republicana, con tropas acuarteladas en el templo, la campana se rajó y el toque enmudeció durante años; en 1993 se soldó la grieta y en 1998 se fundió una campana nueva para que la golpeen los visitantes. Al lado cuelga de un armazón otra pequeña campana de hierro de 1494.
El pabellón guarda también el origen del lugar: un templo que nació en 684 en la antigua residencia de un futuro emperador, Zhongzong, y al que la emperatriz Wu Zetian dio en 690 el nombre de Jianfu. Junto a la campana, la audioguía sigue el viaje de ese metal del lecho del río al recinto.
La cima que perdió en 1556
Small Wild Goose Pagoda (小雁塔)
Resumen de esta parada
Frente a la cara sur, la silueta lo dice todo: trece aleros que se apiñan hacia arriba y, en lo alto, un remate plano y roto, sin pináculo. Faltan dos pisos. El gran terremoto de 1556 destruyó los superiores y la pagoda pasó de 15 a 13 pisos y de unos 45 a unos 43 metros. La torre había nacido para guardar los sutras de Yijing, que viajó a la India por mar desde Cantón siete años después de la muerte de Xuanzang y que, a su regreso, tradujo en el templo Jianfu la obra más importante después de la de su célebre predecesor.
En la planta baja, las puertas norte y sur conservan marcos y dinteles de piedra verde grabados en época Tang con apsaras músicos, aves kalavinka, volutas vegetales y nubes; encima, siglos de poemas rayados por quienes pasaron después. La base de ladrillo, con escaleras de piedra al norte y al sur, se queda demasiado ancha para la torre, y en el lado sur la precede un arco de piedra de época Qing con las inscripciones «万汇沾恩» y «不二法门».
El misterio baja al suelo. Bajo el centro de la base hay una cripta de ladrillo, con antecámara, pasillo y una cámara posterior que sería la de las reliquias; se descubrió en época republicana sin ningún tesoro Tang, lo que hace pensar que fue saqueada. Las prospecciones apuntan además a otra cripta más profunda, cuyo contenido se desconoce. Ante la cara sur, la narración reconstruye la torre completa y lo que pudo guardar su subsuelo.
Una grieta por la que entraba la luz
Puerta norte e inscripción de Wang He
Resumen de esta parada
En la cara norte, la mirada sube por una columna de ventanas semicirculares alineadas en la misma vertical, piso tras piso. Es la línea débil de la torre, la que se rompió con los terremotos. Sobre la puerta, el dintel guarda la inscripción que el funcionario Ming Wang He grabó en 1551: la grieta del terremoto de 1487 recorría la pagoda de arriba abajo, con un chi de ancho, y los transeúntes veían la luz a través como por una ventana; tras el terremoto de finales de la era Zhengde, la torre quedó como antes en una sola noche. La gente de la época llamó a aquel cierre «shen he», la unión divina.
La tradición habla de «tres grietas y tres cierres», en 1487 y 1521, en 1556 y 1563 o 1564, y en 1691 y 1721. Una línea de estudio lo considera una generalización legendaria de varios daños sísmicos y reparaciones, sin cierre espontáneo real; otra toma en serio las crónicas Ming y Qing y busca la causa en la estructura: las ventanas alineadas como línea de rotura y un cimiento de tierra apisonada en forma de cuenco de unos 30 metros de radio. El debate sigue abierto.
La cara norte muestra también los remedios y las heridas del siglo XX. En 1965 la comisión de patrimonio de Xi’an reparó las grietas y los arcos norte y sur, instaló suelos y escaleras de madera y un pararrayos, y ciñó la torre con zunchos de hierro en los pisos 2, 5, 7, 9 y 11, todavía visibles por fuera. Y en 1949, tras años de ocupación militar, se encontraron numerosas huellas de bala en su cuerpo. Bajo la inscripción, la audioguía pone a dialogar el prodigio con su explicación.
Nombres en estelas, nombres rayados
Estelas de los exámenes militares
Resumen de esta parada
El recinto termina entre más de una decena de estelas y más de diez sóforas de más de mil años. Una de las estelas, de 1116, recoge la reparación de la pagoda en época Song. Otras guardan una costumbre heredada: en época Ming y Qing, los aprobados en los exámenes militares provinciales de Shaanxi imitaron la vieja práctica Tang de inscribir su nombre al pie de las pagodas de la Oca y grabaron sus nombres en estelas junto a la Pequeña Pagoda. Cerca se levanta una columna de dharani de 842, octogonal, con músicos en relieve en la base y un dosel con ocho cabezas de dragón.
La costumbre de dejar el nombre tuvo una versión menos noble. En 2013 un periodista descubrió que el interior de la pagoda estaba cubierto de nombres y garabatos rayados por visitantes, con fechas desde los años setenta hasta 2012, incluso en los ladrillos de la cima y sobre los propios carteles que pedían no rayar.
El cierre levanta la vista hacia la antigua Chang’an: el templo y su pagoda en barrios distintos separados por una calle, la gran avenida Zhuque a dos pasos y, hoy, una ciudad que limita la altura de sus edificios para no tapar la torre. Entre las estelas, la última parada de la audioguía cuenta por qué una pagoda rota sigue ordenando el paisaje de Xi’an.