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Wat Phanan Choeng

Foto: KOSIN SUKHUM, CC BY-SA 4.0

Templo vivo junto al río

Audioguía Wat Phanan Choeng

Ayutthaya · 5 paradas · 40 min

Un templo en activo en la confluencia del Chao Phraya y el Pa Sak, donde un Buda dorado de 19 metros, fechado en 1324 por la crónica, ya estaba sentado cuando Ayutthaya aún no existía, y donde todavía se le ofrecen hábitos azafrán junto al santuario de una princesa china.

  • 40 min de audio
  • Templo budista en activo

Wat Phanan Choeng se alza fuera de la isla de Ayutthaya, al sureste, frente al punto donde el Pa Sak entrega sus aguas al Chao Phraya. La crónica Luang Prasoet fecha su gran imagen en 1324, 26 años antes de que el rey U-Thong fundara la capital en 1351, lo que apunta a un asentamiento previo en esta orilla. Esa imagen, Luang Pho To, es un Buda sedente de ladrillo y mortero cubierto de estuco y dorado, de unos 19 metros de altura, que llena casi por completo su sala. El rey Mongkut la restauró a mediados del siglo XIX y le dio su nombre oficial, Phra Phuttha Trairattana Nayok.

El mismo Buda responde a dos nombres. Para los tailandeses es Luang Pho To, el Gran Padre Venerable; para la comunidad china y sino-tailandesa es Sam Po Kong, protector de los navegantes. A pocos pasos, en un santuario chino de dos plantas junto al río, se venera a Soi Dok Mak, la princesa que según la tradición murió en su barco frente a este embarcadero y a la que hoy se le piden amor e hijos. En 2024 el rey Vajiralongkorn y la reina Suthida presidieron aquí la ceremonia por los 700 años de la imagen.

Qué ver

  • Luang Pho To — Buda sedente dorado de 19 metros fechado en 1324, antes que la propia Ayutthaya
  • Santuario de Chao Mae Soi Dok Mak — Kuan Yin abajo y la princesa china arriba, entre sedas y exvotos
  • Ubosot — Tres budas; al limpiarlos en 1963, bajo el estuco de uno apareció oro
  • Vihara grande — Muros con cientos de nichos de pequeños budas y puertas de madera talladas
  • Ribera de la confluencia — El Pa Sak se une al Chao Phraya ante el escenario de la leyenda

Fuera de la isla de Ayutthaya, en la orilla sureste, justo donde el Pa Sak se une al Chao Phraya, se levanta Wat Phanan Choeng (วัดพนัญเชิง). No forma parte del paisaje de ruinas que dejó la antigua capital: es un templo vivo, con monjes, incienso, marineros que rezan y parejas que piden hijos. Y guarda una paradoja de calendario: su gran Buda es más viejo que la ciudad que lo rodea.

La historia de Wat Phanan Choeng empieza antes que la de Ayutthaya. La crónica Luang Prasoet fecha la imagen Phra Phanan Choeng en 1324, el año 686 de la era Chula Sakarat, 26 años antes de que el rey U-Thong fundara la capital en 1351; todo apunta a un asentamiento anterior en esta orilla. No todas las fuentes coinciden: algunas obras de referencia sitúan el Buda en 1334 y reservan 1324 para la construcción del templo, y otra tradición, discutida, atribuye la imagen al rey Naresuan, que la habría encargado a artesanos mon con el nombre de Phra Borom Trailokanat. Hacia 1690, el viajero Kaempfer también la describió como obra mon. Ni siquiera el nombre del templo tiene un origen claro: una explicación lo deriva del jemer, con choeng como «pie», por las piernas cruzadas del Buda; otra lo liga a la leyenda de una princesa.

Desde entonces, el templo ha visto pasar la historia de la ciudad por el río. En 1575 la flota del rey camboyano Barom Reachea I de Longvek se escondió junto al monasterio antes de ser rechazada a cañonazos, y en 1585 un ejército jemer acampó en sus inmediaciones. El rey Mongkut (Rama IV) mandó restaurar la imagen entera a mediados del siglo XIX y le dio su nombre oficial, Phra Phuttha Trairattana Nayok; el 1 de abril de 2024, el rey Vajiralongkorn y la reina Suthida presidieron aquí la ceremonia por sus 700 años.

La arquitectura de Wat Phanan Choeng se reparte en varias salas. El vihara grande, rodeado por fuera de bajorrelieves del Ramakien, se abre con grandes puertas de madera talladas con motivos florales, deidades y animales míticos, y por dentro sus muros están horadados por cientos de nichos con pequeños budas. Al norte, otra sala combina un Buda sedente con murales de estilo chino; el ubosot, la sala de ordenación, reúne tres imágenes, y junto al agua se alza el santuario chino de la princesa Soi Dok Mak.

Para saber qué ver en Wat Phanan Choeng, la audioguía lo recorre en cinco paradas y 40 minutos, de la ribera de la confluencia al interior del ubosot. El hilo que las une es uno: este no es un lugar que recordar entre ruinas, sino un templo que llegó antes que la ciudad, la vio caer y sigue rezando junto al río.

A unos 1,6 km hacia el este, Wat Yai Chai Mongkhon es otro monasterio vivo, cuyos monjes bajan en procesión por las escaleras de su gran chedi. Ya en la isla, Wat Mahathat fue la sede del Patriarca Supremo hasta el final del reino.

La orilla donde desembarcó una princesa

Ribera de la confluencia

Resumen de esta parada

El recorrido arranca en la ribera, frente al punto donde el Pa Sak se une al Chao Phraya. Aquí estaba el antiguo embarcadero del ferry a Hua Sarapha, y desde aquí el templo se lee como lo que fue durante siglos: un lugar de llegadas por el agua. Por este tramo subió en 1575 la flota de Barom Reachea I, rey de Longvek, en Camboya, que la escondió junto al monasterio antes de que los cañones del fuerte Nai Kai la hicieran retroceder.

La llegada más famosa, sin embargo, pertenece a la leyenda. Según la tradición recogida en la Crónica del Norte (Phongsawadan Nua), la princesa china Soi Dok Mak llegó por el río para casarse con el rey Sai Nam Phueng. Ofendida porque el rey no acudió a recibirla al desembarco, murió en su barco conteniendo la respiración, y el rey levantó el templo en el lugar de su cremación.

En la orilla de enfrente se ve un barrio que lleva un naufragio en el nombre: Samphao Lom, «donde se hundieron los juncos». Se cuenta que, tras los funerales de la princesa, los chinos que la habían acompañado horadaron el casco de sus propios barcos para morir con ella. Hay una explicación menos romántica: en la confluencia el agua corre rápida y abundante, un piloto inexperto podía volcar, y aguas abajo, ante Wat Kai Tia, se han hallado restos de barcos hundidos. Junto al río, la audioguía pone frente a frente las dos versiones del topónimo.

Espejos y sedas para una princesa china

Santuario de Chao Mae Soi Dok Mak

Resumen de esta parada

Junto al agua se alza el santuario de Chao Mae Soi Dok Mak, un edificio chino de dos plantas: la planta baja está dedicada a Kuan Yin y la alta, a la princesa. Huele a incienso y está lleno de velas y exvotos, porque aquí se viene a pedir amor e hijos, y quien ve cumplido su deseo vuelve a dejar sedas, perlas y juncos chinos en miniatura.

A la princesa se la trata casi como a una novia. Las ofrendas son de tocador: seda de siete colores, cosméticos, espejos, peines y frutas de buen augurio como naranjas y granadas; las promesas cumplidas se pagan con un chal sabai o un traje tailandés rojo, y a veces con una función de ópera china. Los vecinos repiten además una regla que nadie se atreve a romper: nunca entrar carne de cerdo en su recinto. La misma comunidad china venera al gran Buda vecino con otro nombre, Sam Po Kong, protector de los navegantes; algunas fuentes sitúan aquí una visita del almirante Zheng He en 1407, mientras otras ven en ese vínculo una construcción posterior del mito.

La figura a la que se reza tiene una historia doble. Las dos versiones antiguas coinciden en que Soi Dok Mak no nació de mujer, sino de una inflorescencia de palmera de areca, y su nombre significa justamente «guirnalda de flor de areca». Difieren en el final: en una muere joven y sin descendencia frente a este embarcadero; en la otra se casa con Prathum Suriyawong, rey de Inthapat, en Camboya, y vive una larga vida rodeada de hijos e hijas. En el santuario, la audioguía cuenta por qué ese segundo final cambia el sentido de lo que aquí se pide.

Un gigante dorado anterior a Ayutthaya

Luang Pho To

Resumen de esta parada

Dentro del vihara grande, Luang Pho To llena la sala casi por completo. Es un Buda sedente de ladrillo y mortero, recubierto de estuco y dorado, en la postura de sometimiento de Mara. Mide unos 14 metros de rodilla a rodilla y 19 metros de altura con el remate de la cabeza, 19,30 hasta la punta de la llama, aunque las cifras del regazo varían según la fuente. A menudo lleva un hábito azafrán tendido sobre el hombro.

Esa escala tiene una fecha: la crónica la sitúa en 1324, antes de la fundación de Ayutthaya, y en 2024 el rey Vajiralongkorn y la reina Suthida celebraron aquí sus 700 años. El rito que define el templo es vestir al gigante con un hábito ofrecido por los fieles, tendido sobre su cuerpo dorado.

Delante de la imagen hay una mesa con una historia detrás. Durante años los devotos lanzaban los hábitos al aire para que cayeran sobre los hombros del Buda, convencidos de que así lo vestían de verdad. El 3 de octubre de 2017, el abad adjunto Phra Khru Suthikitchaphon lo prohibió: desde entonces se recita la fórmula de ofrenda y el hábito se deja en la mesa, con carteles que lo explican. Ese mismo día salieron del vihara las vitrinas de amuletos y las imágenes de dioses chinos pasaron al santuario de la princesa. Una devota de 74 años lo aceptó sin drama: de niña, nadie lanzaba hábitos. Ante la mesa, la audioguía explica cómo nació la costumbre que hoy se ha corregido.

La montaña de oro que lloró y se rompió

Muros de nichos con pequeños budas

Resumen de esta parada

En los muros del vihara, cientos de nichos guardan pequeños budas alrededor del gigante, y desde ahí se mira su rostro de otra manera. En 1655, el médico holandés de la VOC Gijsbert Heeck midió 42 pies de rodilla a rodilla y escribió que aquello parecía más una montaña de oro que una figura humana.

Esa montaña ha sufrido. Según la tradición recogida en el Khamhaikan Chao Krung Kao, antes de la caída de Ayutthaya ante los birmanos en 1767, de sus ojos brotaron lágrimas que corrieron hasta el ombligo. El 21 de diciembre de 1901 un incendio dañó el templo y la imagen, que el rey Chulalongkorn (Rama V) mandó restaurar; las obras terminaron al año siguiente. El 15 de marzo de 1928 las mejillas y la mandíbula inferior se partieron en pedazos, y en 1929 el Real Instituto costeó la reparación del rostro. Antes, el rey Mongkut había ordenado restaurarla entera, en 1854 según la mayoría de las fuentes y en 1851 según otras.

Incluso el cariño estuvo a punto de dañarla. Durante el Songkran, el año nuevo tailandés, los vecinos iban a bañar a Luang Pho To, y en algún momento del siglo XX el agua llegó a lanzarse a chorro sobre la imagen hasta dañarla. Tras restaurarla y volver a cubrirla de pan de oro, se fundió una réplica: desde entonces es la copia la que sale del vihara para las fiestas. Frente al muro de nichos, la audioguía recorre las heridas de un superviviente que parece entero.

El oro escondido bajo el estuco

Ubosot con tres imágenes

Resumen de esta parada

El recorrido termina en el ubosot, la sala de ordenación, donde tres budas se sientan en la misma postura de sometimiento de Mara. Durante mucho tiempo parecieron imágenes de estuco como tantas otras, hasta que en 1963, durante una limpieza, el estuco se desprendió y apareció metal debajo.

Una de las imágenes resultó ser de oro, de 145 centímetros de ancho y 190 de alto, y dos se atribuyen al periodo de Sukhothai, hacia 1357. Al norte, otra sala, el vihara norte, acompaña a su Buda con murales de estilo chino, un eco más de la comunidad que comparte este templo.

La sala cierra el círculo abierto en el vihara grande: si el gigante es un superviviente rehecho capa a capa, aquí las capas escondían lo contrario: metal, y en un caso oro. En el interior del ubosot, la última parada de la audioguía deja la sensación de que Wat Phanan Choeng todavía no ha enseñado todo lo que guarda.

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