Cripta del oro real
Audioguía Wat Ratchaburana
Un templo real nacido en 1424 de una muerte doble, la de dos príncipes caídos en duelo a lomos de elefante, cuyo prang escondía una cripta pintada con más de 100 kilos de oro que unos saqueadores reventaron en 1957.
- 45 min de audio
- Templo real de Ayutthaya
Wat Ratchaburana nació en 1424 como templo real: según la historiografía oficial, el rey Borommarachathirat II, también llamado Chao Sam Phraya, lo fundó para acoger las cenizas de sus dos hermanos mayores, muertos en un duelo a lomos de elefante, aunque otras versiones de las crónicas cambian la fecha o el fundador. Su prang en forma de mazorca, el mejor conservado de la isla, se alza entre cuatro chedis de esquina que representan el monte Meru, con relieves de estuco original de garudas sobre nagas, entre la vihara real en ruinas al este y el ubosot al oeste.
Bajo la torre se escondía una cripta de tres cámaras apiladas. En 1957 una banda de saqueadores, con policías que custodiaban el templo entre ellos según el relato del escándalo, llegó a la cámara superior antes que los arqueólogos, y una parte del oro se vendió y nunca apareció. Aun así, la excavación oficial de 1958 sacó más de 100 kilos de oro, unas 2.000 ofrendas, más de 100.000 tablillas votivas y la espada real de la victoria, que hoy se exhiben en el Museo Nacional Chao Sam Phraya.
Qué ver
- Prang central — La torre mejor conservada de la isla, con cuatro chedis que dibujan el monte Meru
- Cripta de tres cámaras — Murales con personajes y caracteres chinos casi borrados
- Garudas de estuco — Relieves originales de aves míticas que se abalanzan sobre nagas
- Tesoro de 1958 — Más de 100 kilos de oro y la espada real Phra Saeng Khan Chai Si
- Chedi Ai y Chedi Yi — Dos chedis en el lugar del duelo a lomos de elefante de 1424
En el centro de la antigua isla de Ayutthaya se alza Wat Ratchaburana (วัดราชบูรณะ), un templo real cuyo prang, la torre en forma de mazorca, es el mejor conservado de la isla. Por fuera parece una ruina más, de ladrillo y budas sin cabeza; por dentro fue un cofre. Bajo la torre se escondía una cripta de tres cámaras apiladas que guardó oro, reliquias del Buda y más de cien mil tablillas votivas, hasta que en 1957 una banda de saqueadores llegó antes que los arqueólogos.
La historia de Wat Ratchaburana arranca con un duelo. En 1424, a la muerte del rey Intharacha, sus hijos Chao Ai Phraya y Chao Yi Phraya se enfrentaron a lomos de elefante junto al puente Pa Than, y los dos murieron en el combate. El hermano menor, Chao Sam Phraya, ya convertido en el rey Borommarachathirat II, mandó levantar dos chedis en el lugar del duelo y fundó el templo para acoger las cenizas de sus hermanos. Así lo fija la historiografía oficial, basada en Damrong Rajanubhab; la versión Luang Prasoet de las crónicas fecha el duelo en el año 786 de la era Chula Sakarat, y otras versiones atribuyen la fundación a Ekathotsarot. Tampoco hay acuerdo sobre a quién estaba dedicado el monumento: a los dos hermanos, a la cremación de su padre Intharacha o, como sostiene el Museo Nacional Chao Sam Phraya tras estudiar el oro, a las reliquias del Buda halladas en la cámara más baja.
La arquitectura de Wat Ratchaburana se ordena sobre un eje este-oeste: al este, la gran vihara real, hoy solo muros y cimientos; en el centro, el prang con sus cuatro chedis de esquina, imagen del monte Meru; al oeste, aislado, el ubosot con su porche elevado; y alrededor, los basamentos del claustro que cercaba la torre. El templo ha pasado por el fuego y por el agua. Según la tradición documentada, un viernes por la noche de diciembre de 1766 estalló un gran incendio en Tha Sai, el embarcadero de la arena, que avanzó hacia Wat Ratchaburana y Wat Mahathat y destruyó más de diez mil edificios monásticos y casas; esa misma noche el futuro rey Taksin huía de su campamento y veía desde lejos la ciudad iluminada por las llamas. En el otoño de 2011, las inundaciones dañaron gravemente el templo.
Para saber qué ver en Wat Ratchaburana, la audioguía lo recorre en cuatro paradas y 45 minutos, de la vihara real a la cripta y de vuelta al claustro. El tesoro ya no está aquí: el oro, la espada real y las tablillas se exhiben en el Museo Nacional Chao Sam Phraya, a pocos minutos a pie, que guarda también una reproducción a tamaño y color reales de los murales del segundo nivel de la cripta, en azulejos cerámicos impresos en Shiga (Japón), porque se prevé cerrar la cripta al público por su deterioro progresivo. En el templo queda la torre, vacía como un cofre abierto, y la historia que la audioguía cuenta dentro de ella.
Enfrente, Wat Mahathat escondió bajo su prang otra cripta, abierta en 1956. Otro duelo a lomos de elefante, el de Naresuan en 1592, se asocia a la gran chedi de Wat Yai Chai Mongkhon, y al norte, pasado el Khlong Sa Bua, Wat Na Phra Men es uno de los pocos templos que salvaron su interior en 1767.
Una sala real por dos hermanos muertos
Vihara real
Resumen de esta parada
El recorrido empieza en el extremo este, en la vihara real, la gran sala de asambleas del templo. Hoy solo quedan sus muros y cimientos: el techo de madera en varios niveles desapareció, y en los muros sin ventanas se abren rendijas verticales de ventilación. Al oeste, al fondo, se levanta el prang.
Todo lo que se ve desde esta sala existe por un duelo. En 1424, a la muerte del rey Intharacha, sus hijos mayores, Chao Ai Phraya y Chao Yi Phraya, se enfrentaron a lomos de elefante junto al puente Pa Than. Los dos cayeron gravemente heridos, con la garganta abierta en el mismo instante, y murieron en el combate. El hermano menor, Chao Sam Phraya, ya como rey Borommarachathirat II, fundó el templo para acoger sus cenizas.
Frente al templo, en el cruce de Naresuan Road y Chikun Road, junto al puente Pa Than, siguen en pie el Chedi Ai y el Chedi Yi, dos chedis de ladrillo de base octogonal que el rey mandó levantar en el lugar del combate. Desde la vihara, la audioguía lee el templo entero como un memorial y reconstruye lo que ocurrió en aquel cruce.
Un cuervo en la punta del monte Meru
Prang central y chedis de esquina
Resumen de esta parada
El prang central se alza sobre un zócalo con salientes al norte y al sur en forma de alas. Es la parte mejor conservada del templo, y a su cella se sube por escaleras empinadas en los lados este, norte y sur. En sus cuatro esquinas, cuatro chedis ahusados, que se conservan todos, completan con la torre una representación del monte Meru, el centro del cosmos budista.
En el primer cuerpo de la torre sobreviven relieves de estuco original: garudas que se abalanzan sobre nagas, otras criaturas míticas y flores de loto. Varios garudas de la base han perdido la cabeza. Que el resto siga ahí se debe en parte a una restauración reciente: tras las inundaciones del otoño de 2011, el Departamento de Bellas Artes y el proyecto alemán GRASP, con la Universidad de Ciencias Aplicadas de Colonia, consolidaron entre diciembre de 2011 y 2013 los estucos y los cimientos del templo.
Según la tradición, el remate de esta torre fue escenario de un presagio. Poco antes de que Ayutthaya cayera en manos birmanas en 1767, un cuervo llegó volando y se ensartó por sí solo en la punta del prang, y la ciudad tomó la escena como un aviso de su propio fin. Al pie de la escalera este, la audioguía sube la mirada desde los garudas hasta ese remate.
La cámara que reventaron en 1957
Cripta del prang
Resumen de esta parada
Desde la cella del prang baja una escalera estrecha que el Departamento de Bellas Artes construyó en 1958. Lleva a la cripta: tres cámaras grandes apiladas en vertical, la más baja a la altura del suelo. La superior, de unos 3 metros de lado, conserva murales casi borrados de personajes chinos, con algunos caracteres chinos todavía legibles. Más abajo, en una celda donde solo cabe una persona, las pinturas muestran al Buda con sus discípulos, árboles y aves, con partes doradas.
A esa cámara superior llegó una banda de saqueadores el 23 de septiembre de 1957, mientras el Departamento de Bellas Artes demoraba la excavación prevista. La cronología varía según la fuente: unas sitúan el expolio en 1956 y otras hablan de tres noches de excavación, del 25 al 27 de septiembre de 1957. El relato del escándalo añade un giro: entre los saqueadores había policías que custodiaban el templo, y uno de ellos, agente, quiso quedarse con las piezas más valiosas en el reparto. Borracho, se presentó en su comisaría fanfarroneando, su comandante lo detuvo y la detención arrastró a toda la banda.
La policía recuperó parte del botín, en torno a una quinta parte de lo robado o menos, según ese mismo relato. Una cantidad desconocida de oro no apareció nunca, porque se vendió de inmediato a marchantes y coleccionistas. Cuando la cripta está abierta, la audioguía cuenta la noche del golpe en el lugar exacto donde se dio.
La espada y el oro que se fueron
Restos del claustro y budas decapitados
Resumen de esta parada
Alrededor del prang y de sus chedis quedan los basamentos del claustro, la galería que los rodeaba, con imágenes de Buda rotas y sin cabeza. La cripta está vacía, y en esta última parada lo que cuenta es lo que salió de ella. La excavación oficial del Departamento de Bellas Artes, iniciada en 1958, sacó unas 2.000 ofrendas y más de 100 kilos de oro, entre ellos dos piezas de Cachemira y tres budas de Sri Lanka. Las cámaras estaban llenas con más de 100.000 tablillas votivas apiladas con orden, con imágenes de Buda procedentes de Tailandia, India, Birmania, Indonesia y Nepal.
La pieza cumbre es la Phra Saeng Khan Chai Si, la espada real de la victoria, y la mayor parte del oro corresponde a insignias regias del monarca. La tercera cámara, la más baja, guardaba reliquias del Buda, lo que identifica el prang como relicario real en el centro de la ciudad. Parte de las tablillas se vendió para financiar el Museo Nacional Chao Sam Phraya, bautizado con el nombre del rey fundador e inaugurado el 26 de diciembre de 1961 para exhibir el tesoro. En 2005 se difundió además la noticia de un casco o corona de oro hallado en un museo de Estados Unidos; su autenticidad y su posible procedencia de esta cripta siguen sin resolverse.
Cuenta la creencia popular que el saqueo despertó la maldición del espíritu guardián del tesoro: la espada real despidió una luz deslumbrante, el cielo se volvió inquietante, varios saqueadores perdieron la razón, las tiendas que compraron las piezas cerraron y todos los implicados tuvieron un final trágico. La historia se asocia a Pu Som Fao Sap, el fantasma que custodia tesoros enterrados, y hay quien asegura haber visto a la guardiana encadenada a la maqueta de la estupa de oro, en la sala del museo donde se expone el tesoro. Los propios vecinos, preguntados en 2013, reconocían que los relatos estaban muy exagerados, y la escena más célebre, la de un saqueador enloquecido que bailó en el mercado de Hua Ro con la espada real, choca con el relato del arresto: la espada apareció apoyada en la pared de la casa donde la banda se repartía el botín, y aquel baile fue años después, con una espada de teatro likay. Entre los budas sin cabeza, la audioguía cierra el recorrido ante una torre que perdió su tesoro y conserva la historia.