Sinagoga y memorial
Audioguía Museo de los Refugiados Judíos de Shanghai
Una sinagoga asquenazí de 1927 en la antigua Ward Road, en el corazón del gueto de Hongkou, convertida en el único memorial de China dedicado a los casi 20.000 judíos que escaparon de los nazis hasta Shanghai, con las calles del antiguo gueto todavía habitadas alrededor.
- 60 min de audio
- Gueto de Hongkou
La congregación Ohel Moshe nació en 1907 en un local alquilado por inmigrantes judíos rusos y tomó el nombre de uno de ellos, Moshe Greenberg. En 1927 esa comunidad reunió fondos para un edificio de tres plantas y 300 plazas en el número 62 de Ward Road, hoy Changyang Road, conocido también como sinagoga de Ward Road. Cerró en 1956, cuando casi todos los judíos de Shanghai se habían marchado, y fue fábrica, centro psiquiátrico y oficina de defensa antiaérea hasta que en 2007 se restauró según sus planos originales y pasó a ser el núcleo del museo.
En los años 30 y 40 llegaron a Shanghai, por mar o por tierra, unos 20.000 judíos europeos que huían de la persecución nazi, muchos con visados como los que concedía en Viena el cónsul general de China, Ho Feng-shan. En febrero de 1943 las autoridades japonesas obligaron a muchos de ellos a mudarse a una zona restringida de menos de 3 km² en Hongkou. Hoy un muro reúne 19.672 de sus nombres y deja un tramo en blanco para los que todavía faltan.
Qué ver
- Sinagoga Ohel Moshe — Tres plantas levantadas en 1927 por la comunidad judía rusa en la antigua Ward Road
- Arca reconstruida — Cúpula blanca semicircular rehecha en 2024 a partir de fotos de los años veinte
- Silbato y bolso — El silbato de la autovigilancia de 1943 y un bolso dejado en prenda en 1940
- Muro de nombres — 19.672 refugiados desde octubre de 2025 y un tramo en blanco para los que faltan
- Parque Huoshan — Monolito de 1994 en chino, inglés y hebreo con los límites de la zona de refugiados
En el barrio de Tilanqiao, en la calle que antes se llamaba Ward Road y hoy es Changyang Road, se alza el Museo de los Refugiados Judíos de Shanghai (上海犹太难民纪念馆, Shanghai Youtai Nanmin Jinianguan). Su núcleo es la antigua sinagoga Ohel Moshe, levantada en 1927 por la comunidad judía rusa de la ciudad, y su tema, la historia de los casi 20.000 judíos europeos que encontraron en Shanghai su último puerto. Es el único memorial de China dedicado a ellos, y no está aislado: lo rodean las mismas calles del antiguo gueto, todavía habitadas.
La historia del Museo de los Refugiados Judíos de Shanghai empieza mucho antes de la guerra. La congregación Ohel Moshe nació en 1907 en un local alquilado; en 1926, según la tradición documentada de la comunidad, el rabino jasídico Meir Ashkenazi, que había sido rabino en Vladivostok, solo estaba de paso camino de Estados Unidos cuando le pidieron que se quedara. Siguiendo el consejo del rebe de Lubavitch aceptó, impulsó en 1927 el nuevo espacio para Ohel Moshe y fue gran rabino de Shanghai hasta 1949; el museo le dedica una exposición. La sinagoga cerró en 1956, se restauró en 2007 para convertirse en museo y entre 2017 y 2020 creció hasta superar los 4.000 m² y casi 1.000 piezas, frente a algo más de 1.000 m² y 150 piezas de antes. Incluso las cifras de esa memoria tienen matices: el museo habla de unos 20.000 refugiados, otras fuentes de más de 20.000 y algunos textos de 18.000.
La arquitectura del Museo de los Refugiados Judíos de Shanghai es la de un edificio de barrio: tres plantas con galería, muros de ladrillo gris visto y un tejado apuntado de ladrillo rojo. Una restauración de 2024 lo cerró más de medio año y lo reabrió el 1 de enero de 2025 con sus suelos de mosaico y baldosa roja limpiados y recolocados según fotos y planos históricos. A su alrededor, dos casas donde vivieron refugiados se han convertido en salas, y en la misma calle siguen en pie el antiguo refugio de Ward Road, en el callejón 138, que podía alojar a cerca de mil refugiados con cocina común y hospital y hoy es un conjunto de viviendas corrientes, y, a pocas manzanas, el alto muro de la cárcel de Tilanqiao, la antigua Ward Road Gaol.
La memoria del barrio guarda también sus días más negros. Según recuerdan los supervivientes, el 17 de julio de 1945, con el cielo cubierto, bombarderos estadounidenses llegados desde Okinawa soltaron sus bombas sobre Shanghai y varias cayeron en el gueto: murieron unas 250 personas y unas 500 resultaron heridas; 31 de las víctimas eran refugiados judíos. Vecinos chinos y europeos salieron juntos a socorrer a los heridos y a cargarlos en rickshaws y triciclos.
Para saber qué ver en el Museo de los Refugiados Judíos de Shanghai, la audioguía lo recorre en cinco paradas y 60 minutos: desde la fachada de la sinagoga, frente a un café vienés reconstruido, por la sala de oración, las casas de refugiados y el muro de nombres, hasta el parque Huoshan, donde una lápida marca los límites del antiguo gueto. El hilo es uno solo: en estas pocas calles, miles de europeos que lo habían perdido todo encontraron refugio, encierro y vecinos chinos.
Unos 2,5 km al sur, junto al río, comienza el Bund, y al otro lado del Huangpu se levanta la Torre de la Perla Oriental.
Una sinagoga rusa frente a un café vienés
Ohel Moshe Synagogue
Resumen de esta parada
El recorrido arranca en la acera de Changyang Road, ante la fachada de ladrillo de la sinagoga Ohel Moshe. Su historia empezó en 1907, cuando unos inmigrantes judíos rusos fundaron una congregación asquenazí en un local alquilado y le dieron el nombre de Moshe Greenberg, uno de los suyos. En 1927 reunieron fondos para el edificio del número 62 de la entonces Ward Road: tres plantas y capacidad para 300 personas.
El origen de esos muros no está del todo cerrado. El museo y las fuentes chinas hablan de una sinagoga nueva financiada por los judíos rusos, mientras que otras fuentes la describen como la remodelación de un edificio de tres plantas que ya existía; tampoco coinciden todas en el color del ladrillo de la fachada.
Justo enfrente, en el número 67, aparece una casita que parece de otra época: el Café White Horse, abierto en 1939 por el matrimonio vienés de Rudolf Mosberg, derribado en 2009 para ensanchar la calle y reconstruido en 2015 a escala 1:1 con parte de sus piezas y muebles originales. En su puerta, una escultura muestra a una madre que cubre a su hijo con un paraguas. Entre una fachada y otra, la audioguía lee la calle como un mapa de llegadas.
El arca que volvió desde una foto
Arca de la sinagoga
Resumen de esta parada
La sala de oración de la planta baja ha tenido más vidas que oraciones. Tras su cierre en 1956, cuando casi todos los judíos de Shanghai se habían marchado, el edificio fue fábrica, centro psiquiátrico y oficina de defensa antiaérea del distrito de Hongkou. En 2007 se restauró por completo según sus planos originales y se convirtió en el corazón del museo.
La pieza que preside la sala es reciente y antigua a la vez. Durante la restauración de 2024, unas fotos recién halladas mostraron cómo era el arca original de los años veinte: una cúpula semicircular blanca sobre un cuerpo de dos puertas. El arca de líneas rectas que había ocupado su lugar se rehízo durante casi cinco meses para devolverle esa forma, y en la sala se recolocaron los suelos de mosaico y baldosa roja.
Esta misma sinagoga recibió el 14 de octubre de 1993 al primer ministro de Israel, Isaac Rabin, que dejó escrito en el libro de visitas el agradecimiento del pueblo judío a la gente de Shanghai; una copia de esas palabras acompañó después la medalla conmemorativa del museo acuñada en 1998. Ante el arca, la narración reconstruye el viaje de un templo que estuvo a punto de olvidarse de sí mismo.
Un silbato, un bolso y una cola
Silbato del baojia y bolso de la arrocería
Resumen de esta parada
Las dos casas antiguas al suroeste de la sinagoga, donde vivieron refugiados, conservan su exterior original y albergan dentro la exposición permanente. Allí la zona restringida de 1943 se cuenta con objetos mínimos. Uno es un silbato plateado: dentro del gueto, los japoneses organizaron un baojia judío de autovigilancia en el que los propios refugiados patrullaban para que sus vecinos no salieran sin permiso. Lo donó desde Río de Janeiro la exrefugiada Hannelore Esquenazi.
En la misma sección espera un bolso. Una tarde de 1940, un matrimonio judío con un niño con fiebre alta pidió dinero prestado al dueño de una arrocería de la calle Dongchangzhi y lo dejó en prenda, prometiendo volver. Nunca volvieron. El abuelo Jin lo conservó, se lo pasó a su nieta Jin Wenzhen y ella lo cedió al museo con la esperanza de encontrar a sus descendientes.
La exposición guarda también un rostro incómodo. Para salir de la zona hacía falta un pase mensual, y quien lo concedía, según el recuerdo de los refugiados, era el funcionario japonés Ghoya, que se hacía llamar «el Rey de los Judíos». W. Michael Blumenthal, al ver su imagen en la exposición, contó que aquel hombre bajito se subía a la mesa para golpear con el zapato la cabeza de quienes hacían cola. Frente a esas vitrinas, la audioguía devuelve cada objeto a la persona que lo sostuvo.
Casi veinte mil nombres y un tramo en blanco
Muro de nombres de los refugiados
Resumen de esta parada
En la plaza ampliada del museo se extiende el muro de nombres, abierto por un grupo escultórico de seis figuras —un creyente, una anciana, un hombre con un niño y una pareja joven— bajo gaviotas en vuelo y el agua del Huangpu. El muro recuerda a los unos 20.000 judíos europeos que llegaron a Shanghai por mar o por tierra en los años 30 y 40, muchos con visados obtenidos gracias a diplomáticos chinos como Ho Feng-shan, cónsul general en Viena.
El muro se inauguró el 3 de septiembre de 2014 con 13.732 nombres, a partir de la lista que reunió la exrefugiada Sonja Mühlberger. En 2020 ya eran 18.578 y, con el tramo añadido el 21 de octubre de 2025, son 19.672. La ampliación del museo, iniciada en 2017 y reabierta el 8 de diciembre de 2020, incorporó las casas de refugiados y llevó su superficie de algo más de 1.000 a más de 4.000 m².
El final del muro queda en blanco a propósito, reservado para los nombres que aún falten. Ante esa superficie vacía, la narración convierte la cifra en personas y explica por qué la lista sigue abierta.
La lápida que dibuja el gueto
Huoshan Park
Resumen de esta parada
La última parada sale del museo hacia el parque Huoshan, en el número 118 de Huoshan Road. Abierto en 1917 como Stadley Park y rebautizado en junio de 1944, fue lugar de reunión y juego de los refugiados. Desde 1994 se alza en él un monolito de granito negro, de unos 2 metros de alto, que marca en chino, inglés y hebreo los límites aproximados de la zona de refugiados: el gueto no era un recinto lejano, sino estas mismas calles.
Muy cerca, en Zhoushan Road, la antigua Chusan Road, los refugiados reconstruyeron sobre las ruinas de la guerra de 1937 lo que llamaron la «Pequeña Viena», según la memoria documentada del barrio: restaurantes vieneses, pastelerías, locales como el International, el Café Europe, el Delikat o el Barcelona, y en la esquina con Ward Road una tienda de dulces que servía helado con nata en cucurucho. En la misma Huoshan Road, el Broadway Theatre de 1928 conserva la azotea que los refugiados alquilaron en 1939 como salón de baile y conciertos.
En el número 59 de Zhoushan Road sigue en pie, cerrada y sin habitar, la casa de ladrillo con galería de arcos donde vivió de 1939 a 1947 W. Michael Blumenthal, que años después sería secretario del Tesoro de Estados Unidos. El 17 de octubre de 2026, con cien años, volvió al museo y a la puerta de aquella casa. Junto a la lápida, la audioguía cierra el recorrido dibujando el gueto sobre el barrio.