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Aldea de pintura al óleo de Dafen

Foto: Huangchinhsu, CC BY-SA 4.0

Aldea de pintores

Audioguía Aldea de pintura al óleo de Dafen (Dafen Youhuacun)

Shenzhen · 4 paradas · 60 min

Una aldea hakka de 0,4 km² que desde 1989 pintó a mano, en cadena y de madrugada, girasoles y Mona Lisas para la exportación, y donde hoy, entre más de 1.200 galerías, los copistas empiezan a firmar obra propia.

  • 60 min de audio
  • Copias y obra original

Dafen nació a comienzos de la dinastía Qing como aldea del linaje Wu, de población mayoritariamente hakka, y quedaba fuera del segundo cordón, la frontera interior de la Zona Económica Especial de Shenzhen. Esa posición marginal decidió su destino: en 1989 el marchante hongkonés Huang Jiang trasladó aquí su taller de óleos para exportación, huyendo de los alquileres de la zona especial y del control que impedía a sus pintores del interior llegar al trabajo. A comienzos de los noventa su taller reunía cerca de 200 pintores y producía al menos 100.000 cuadros al mes, organizado como una cadena de montaje sin máquinas. En 2004 Dafen entró en la primera tanda de bases nacionales de demostración de la industria cultural.

El contraste lo resume la historia de Zhao Xiaoyong, uno de sus copistas de Van Gogh: en veinte años pintó más de 100.000 copias, a unos cientos de yuanes cada una. En 2014 un cliente lo invitó a Ámsterdam y, ante el Museo Van Gogh, descubrió que la galería de su comprador era una tienda de recuerdos que revendía sus cuadros por diez veces más. De vuelta en Dafen pintó su primera obra original, El estudio. Ese giro, de copiar a firmar, es el que hoy recorre toda la aldea.

Qué ver

  • Rótulo de entrada — Los dos caracteres de una aldea hakka y el marchante que huyó del segundo cordón en 1989
  • Calle principal de galerías — Van Goghs y Mona Lisas herederos de una fábrica de cuadros sin máquinas
  • Callejas traseras — Talleres donde se pintaba y se dormía, con la radio nocturna hasta la madrugada
  • Museo de Arte de Dafen — Una fachada de hormigón con el plano de la aldea grabado en nichos
  • Plaza de arte Huang Jiang — 23 galerías de obra original con el nombre del fundador

En las afueras de Shenzhen, junto a Buji, la Aldea de pintura al óleo de Dafen (大芬油画村, Dafen Youhuacun) ocupa apenas 0,4 km². En ese espacio se concentran hoy más de 1.200 galerías y unos 8.000 profesionales de la pintura, 20.000 si se cuentan los barrios vecinos, con una producción de 3.500 millones de yuanes en 2025. Hace poco más de tres décadas era una aldea hakka del linaje Wu; desde 1989 se convirtió en la mayor fábrica de cuadros al óleo del mundo, donde miles de pintores copiaban a mano y en serie girasoles, paisajes y Mona Lisas para la exportación. Hoy unos 400 artistas residentes firman ya obra original.

La historia de la Aldea de pintura al óleo de Dafen empieza con una mudanza y se cuenta de varias maneras. El marchante hongkonés Huang Jiang habló de 26 discípulos y de unos alquileres disparados en la zona especial como motivo del traslado; otros relatos hablan de una decena larga o de veintitantos pintores, y lo atribuyen al control fronterizo que impedía a los pintores del interior llegar a su taller. Uno de esos relatos, discutido, describe una aldea de unos trescientos vecinos donde al caer la noche los perros no paraban de ladrar y nadie se atrevía a salir de casa; de los cerca de sesenta aprendices que llegaron, solo una veintena habría aguantado. Tampoco el nombre tiene una sola historia: la grafía 大芬, «gran fragancia», está fijada desde la era Jiaqing (1796-1820), pero Huang Jiang contaba que en 1989 la llamaban 大粪村, «aldea del estiércol», por su suciedad, un apodo que también circula como tradición popular.

Su peso en el mercado del arte se mide con cifras que no siempre encajan. Está documentado que en 2005 el comercio de óleos de la aldea alcanzó los 279 millones de yuanes. Su cuota de mercado, en cambio, circula en versiones incompatibles: el 70 % de los óleos vendidos en Europa y Norteamérica hechos en China y el 80 % de ellos salidos de Dafen; el 60 % de todos los óleos nuevos del mundo en su apogeo; o un 70 % de las ventas de muchos mercados occidentales hacia 1999. La cifra de «más de 10.000 millones» de copias pintadas resulta inverosímil. Entre 2005 y 2007 el fotógrafo alemán Michael Wolf retrató a los copistas posando en callejones con sus Hopper, Lichtenstein, Hockney o Mona Lisas; en los talleres, unos «Girasoles» de Van Gogh salían por 7 dólares, porque el precio se calculaba por el tamaño del lienzo y la pintura gastada, y en su libro Real Fake Art (2011) imprimió frente a cada retrato el precio de la copia. La copia tiene además su zona gris: la norma oficial la limita a obras de artistas muertos hace más de cincuenta años, pero en Dafen se han copiado obras de Georgia O’Keeffe, fallecida en 1986, y de artistas vivos como Yue Minjun o Fernando Botero.

Para saber qué ver en la Aldea de pintura al óleo de Dafen no se agota en los escaparates. Entre galerías y edificios de alquiler sobreviven casas bajas y un salón de linaje de la aldea hakka original; el Sunrise Art Center ocupa una antigua casa hakka de tres alturas, de ladrillo gris y teja oscura, que un tifón dañó y que el pintor Chen Qiuzhi restauró en 2006 como galería con patio. La renovación de 2021-2023 repartió murales por muros y medianeras, y varios estudios abiertos permiten a visitantes sin experiencia copiar un cuadro guiados por un pintor, prolongación turística del viejo oficio. La arquitectura de la Aldea de pintura al óleo de Dafen culmina en su museo, cuya fachada dibuja el plano de las propias callejas.

La audioguía recorre la aldea en cuatro paradas y una hora de narración: del rótulo de entrada a la calle de galerías, los talleres de las callejas traseras y la plaza del museo. El hilo es uno solo: estas calles fueron una cadena de montaje de cuadros, y el oficio de copiar a mano, a destajo y de madrugada, es lo que hoy permite a algunos de sus vecinos firmar por fin obra propia.

La misma lógica de copia y fabricación en cadena movió los mostradores de Huaqiangbei, y el viejo mercado rural que dio nombre a la ciudad es hoy la calle peatonal Dongmen.

El marchante que huyó del segundo cordón

Dafen Oil Painting Village (大芬油画村)

Resumen de esta parada

El acceso desde Busha Road está marcado por el rótulo del 大芬油画村 y, a su izquierda, una escultura monumental que hace de primer marco del lugar. Los dos primeros caracteres guardan la historia de la aldea: fundada a comienzos de la dinastía Qing por el linaje Wu, de población mayoritariamente hakka, se escribía 大分, «gran división», hasta que en la era Jiaqing (1796-1820) adoptó la grafía actual, 大芬, «gran fragancia».

Antes de las reformas, Dafen era un grupo de vecinos de Buji que quedaba fuera del segundo cordón, la frontera interior que separaba la Zona Económica Especial de Shenzhen del resto del territorio. Ahí está la clave de todo. Huang Jiang, que había abierto un taller de óleos para exportación en Cantón en 1984 y se había trasladado a Shenzhen en 1986, tenía su primer taller dentro de la zona, en Huangbeiling. Tras unos tres años, los pintores llegados del interior apenas podían cruzar el control, y los alquileres habían saltado a 4.000-6.000 yuanes al mes.

En 1989 se instaló en Dafen con 26 discípulos, según su propia versión: aquí, 1.000 yuanes alquilaban 250 m² de planta baja. Junto a la entrada, la plaza de arte que lleva su nombre reúne hoy 23 galerías y tiendas de obra original en unos 1.200 m². Ante el rótulo, la narración cuenta cómo una frontera interior decidió dónde iba a nacer la mayor fábrica de cuadros del mundo.

Girasoles en cadena de montaje

Escaparates de copias de la calle principal

Resumen de esta parada

La calle principal es una sucesión de escaparates contiguos: copias de Van Gogh, Monet o la Mona Lisa junto a paisajes, retratos y abstractos de encargo, con marcos y lienzos que invaden la acera. Cada uno de esos cuadros es heredero de una fábrica sin máquinas. A comienzos de los años noventa, el taller de Huang Jiang llegó a reunir cerca de 200 pintores, muchos de ellos hijos de campesinos del lugar que dejaron el arrozal para aprender a pintar. Organizado como una cadena de montaje al estilo de las fábricas de la zona especial, producía al menos 100.000 óleos al mes, con pedidos de más de 100.000 cuadros de una sola vez; en los noventa, una muestra enviada a Walmart le valió un encargo de 50.000 cuadros a entregar en catorce días.

El gremio guarda un episodio como hazaña fundacional. Se cuenta que en abril de 1992 un cliente francés encargó 360.000 cuadros con un plazo de mes y medio y penalización por retraso. Huang repartió a sus veintitantos pintores por motivos: unos pintaban solo el cielo, otros las montañas, otros el agua y otros los árboles, cada uno repitiendo siempre lo mismo. Cuando el comprador llegó a inspeccionar la mercancía, el resultado le pareció salido de una fotocopiadora, y quedó satisfecho.

La escala llegó lejos. En 2005 el comercio de óleos de Dafen sumó 279 millones de yuanes, y en la Expo de Shanghái de 2010 la fachada del pabellón de Shenzhen fue una Mona Lisa gigante compuesta por 999 óleos pintados a mano por 507 pintores de la aldea. Frente a los escaparates, la audioguía reconstruye cómo se pinta un paisaje entre veinte manos.

Un Van Gogh en 28 minutos, de madrugada

Talleres de las callejas traseras

Resumen de esta parada

Detrás de la calle principal, en las callejas de Laowei, las viejas casas de la aldea llevan rótulos de «galería» o «estudio», los huecos de escalera se han convertido en talleres y los pintores trabajan en taburetes ante su puerta. Aquí vivió el oficio a destajo. Zhao Xiaoyong, llegado a finales de 1996 desde una fábrica de cerámica, se especializó en Van Gogh porque era lo que mejor se vendía: en veinte años pintó más de 100.000 copias, despachaba un autorretrato de 50 × 60 cm en 28 minutos y en 2004 llegó a superar los 1.000 encargos al mes, en talleres donde uno pintaba el fondo, otro los ojos y otro las orejas. En 2014 un viaje a Ámsterdam le reveló cuánto valían sus cuadros en otras manos, y de vuelta pintó su primera obra original.

La jornada tenía su propio ritmo, documentado por la tradición de los talleres: se empezaba a pintar a las dos o las tres de la tarde y se seguía hasta las tres o las cuatro de la madrugada. De noche, cada estudio sintonizaba el programa de radio «El cielo nocturno no está solo» (夜空不寂寞), pensado para los emigrantes lejos de casa, y el grupo de Zhao llegaba a llamar a la emisora. En los años de más pedidos, siete u ocho parientes compartían una habitación alquilada, con los tableros clavados a la pared y esteras de paja en el suelo.

Ese espacio mínimo tuvo un final abrupto. En mayo de 2017 el gobierno de Shenzhen declaró 148 puntos de Dafen «grave riesgo de incendio», y ese verano el comité vecinal desmanteló los talleres señalados, en una aldea donde una sola habitación servía a la vez de estudio y dormitorio y los lienzos se secaban colgados junto a la ropa. En estas callejas, la narración se detiene en lo que costaba cada copia en horas de sueño.

Un museo con la aldea en la fachada

Dafen Art Museum (大芬美术馆)

Resumen de esta parada

Apoyado contra la ladera, el Museo de Arte de Dafen es un bloque de hormigón gris del estudio Urbanus, abierto en 2007 tras un concurso. Su fachada superpone la trama de calles de la aldea girada en ángulo, grabada en nichos rectangulares pensados para que los pintores del barrio los fueran llenando de color. En 2008 BusinessWeek y Architectural Record lo eligieron mejor proyecto público en los China Awards «Good Design is Good Business». Ante su planta baja se abre una plaza pública, renovada en 2023 con una lámina de agua que evoca el antiguo curso de agua de Dafen; el museo reabrió el 25 de febrero de ese año con una exposición de Giorgio Morandi.

El edificio protagoniza también un episodio documentado. En 2007 el artista Christian Jankowski fotografió sus salas en construcción dejando un muro vacío en el centro de cada imagen y entregó las fotos a los copistas de la aldea: debían pintar la escena y colgar en ese muro el cuadro que elegirían si dirigieran el museo. Más tarde, un conservador del propio museo lo invitó a traer los lienzos de vuelta, y se colgaron en esas mismas paredes ya terminadas.

La plaza es también el lugar para entender el cambio de rumbo. En la Feria de Cantón del otoño de 2008, donde Dafen solía cerrar contratos de 20 a 50 millones de yuanes, la aldea volvió casi sin pedidos; antes de 2009 el 70 % del negocio era exportación y el 30 % venta interior, y tras la crisis la proporción se invirtió. Hoy, entre más de 1.200 galerías, unos 400 artistas residentes firman obra original. Frente a la fachada, la última parada de la audioguía cuenta cómo una aldea de copistas aprendió a firmar.

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