Casa natal del escritor
Audioguía Casa de Shen Congwen (Shen Congwen Guju)
La casa-patio de madera que un abuelo general levantó en 1866 en un callejón de Fenghuang y donde nació Shen Congwen, el autor de «Ciudad fronteriza»: la familia la vendió en 1919 y no abrió al público hasta 1988, el año de su muerte.
- 40 min de audio
- Casa-patio de 1866
La casa se construyó en 1866, quinto año de la era Tongzhi, cuando Shen Hongfu, abuelo del escritor y antiguo comandante militar de Guizhou, compró una vivienda vieja, la derribó y levantó la suya sobre unos 600 metros cuadrados. Es un siyuan de dos patios sucesivos, con entramado de madera chuandou, cerramiento de ladrillo cocido y, en el centro, un patio de luces enlosado con bloques de piedra roja: 11 estancias en total. Monumento provincial de Hunan desde 1991, en 2006 entró en el sexto lote de monumentos protegidos de nivel nacional.
El hombre cuyo nombre figura en la placa de la entrada no volvió a dormir aquí. Cuando regresó a Fenghuang en 1982, con casi 80 años, la casa ya no era de la familia, y se alojó como huésped en una casita de madera ajena, en la orilla sur del río Tuo, con un aviso escrito con tiza en la puerta sobre un perro bravo. Solo regresó del todo en 1988: ese año murió en Pekín, parte de sus cenizas volvió al río y la casa abrió sus puertas.
Qué ver
- Patio de luces de piedra roja — El tianjing a cielo abierto donde Shen Congwen jugó de niño, entre 11 estancias de madera
- Vitrinas de sus libros — Ciudad fronteriza, El largo río y los 32 tomos de las Obras completas
- Foto del arroyo Jinbianxi — Zhang Zhaohe le arregla el cuello de la camisa en su último viaje de regreso
- Muebles traídos de Pekín — Piezas de pintura desconchada de su casa pekinesa, en la penumbra del patio trasero
- Caligrafía de Shen Hong — El rollo que su nieta escribió a pincel en 1991, colgado sobre la pared de tablones
Al doblar una esquina gris de la calle Zhongying, en el casco antiguo de Fenghuang, aparece una portada orientada al oeste con cinco caracteres sobre el dintel: 沈从文故居 (Shen Congwen Guju). Es la Casa de Shen Congwen, la casa-patio de madera donde el 28 de diciembre de 1902 nació Shen Yuehuan, el niño que saltaba el muro de la escuela para ir a mirar los barcos del río Tuo y que, ya como Shen Congwen, escribiría «Ciudad fronteriza». Por entonces la ciudad ni siquiera se llamaba Fenghuang, sino Zhen’gan.
La historia de la Casa de Shen Congwen empieza con un militar. Su abuelo, Shen Hongfu, fue un héroe local que llegó a general condecorado y a comandante en jefe interino de la provincia de Guizhou con solo 25 años. En 1866, quinto año de la era Tongzhi, compró una vivienda vieja, la derribó y levantó esta. La fecha tiene su pequeño enredo: algún reportaje reciente la sitúa en 1856, pero el año Tongzhi, la ficha de patrimonio y el resto de las fuentes sostienen 1866, treinta y seis años antes del nacimiento del escritor. Las fichas turísticas tampoco se ponen de acuerdo en el número de la calle; todas, eso sí, la colocan en Zhongying.
La arquitectura de la Casa de Shen Congwen es la de un siyuan de dos patios sucesivos, delantero y trasero, con entramado de madera chuandou, cerramiento de ladrillo cocido y muros cortafuegos que rematan en perfiles escalonados con las esquinas levantadas. En el centro se abre un patio de luces enlosado con bloques cuadrados de piedra roja, flanqueado por alas laterales con celosías talladas que tamizan la luz: 11 estancias sobre unos 600 metros cuadrados. Fue declarada monumento protegido de Hunan en 1991 y, el 25 de mayo de 2006, el Consejo de Estado la incluyó entre los monumentos protegidos de nivel nacional.
Para saber qué ver en la Casa de Shen Congwen, la audioguía la recorre en cuatro paradas y 40 minutos: la portada del callejón, el patio de piedra roja, el estudio con las vitrinas de sus libros y el salón del patio trasero, con su retrato, las fotos de familia y los muebles llegados de Pekín. El hilo es uno solo: una casa de militares crió a un escritor que la perdió de niño, volvió a su ciudad como huésped y solo regresó a ella del todo cuando ya no estaba.
Las «patas flacas» que él describió sostienen todavía las Casas sobre pilotes de Huilongge, y a unos 300 metros queda la Casa de Xiong Xiling, cuna del otro hijo ilustre de Fenghuang, que llegó a primer ministro.
Una casa de general en un callejón torcido
Antigua residencia de Shen Congwen
Resumen de esta parada
Nada en la portada anuncia una casa de poder. Es una puerta discreta en un callejón torcido, con la placa del nombre sobre el dintel y, por encima de los tejados, los muros de ladrillo que cierran el conjunto y se escalonan hacia el cielo con las cabezas levantadas en las esquinas. Desde la calle no se adivina que detrás hay dos patios y once estancias.
Quien la mandó levantar fue Shen Hongfu, el abuelo del escritor. Héroe local, llegó a general condecorado y fue nombrado comandante en jefe interino de la provincia de Guizhou con solo 25 años. En 1866 no buscó un solar vacío: compró una vivienda vieja, la derribó y construyó en su lugar la suya, sobre unos 600 metros cuadrados, en pleno casco antiguo.
Esa es la paradoja con la que arranca la visita: la casa de un general acabó siendo recordada por un nieto que dejó las armas para escribir. Frente a la portada, la narración cuenta cómo se levantó esta casa de militares y qué quedaba de ella cuando nació el niño que le daría nombre.
Piedra roja: la primera escuela del escritor
Patio de luces de piedra roja
Resumen de esta parada
Tras la crujía de la calle, convertida en sala de exposición con fotografías amarillentas y manuscritos en las cuatro paredes, se abre el patio de luces: un cuadrado a cielo abierto enlosado con bloques de piedra roja, con las alas laterales a ambos lados. Es el corazón del siyuan, el pedazo de cielo alrededor del cual se ordena toda la casa, y el mismo suelo que pisó de niño Shen Yuehuan, nacido aquí en 1902.
Según la tradición documentada, en este patio el niño perseguía mariposas, cazaba libélulas y escuchaba a los mayores contar historias de brujos, espíritus y demonios del nuo, el teatro ritual de las montañas del oeste de Hunan, y de los piratas que asaltaban el río. Fuera, en las callejuelas cercanas, se plantaba ante el teatro de marionetas de madera y ante los miao que daban volteretas y caminaban apoyados en las manos, escenas que él mismo dejó escritas en «Mi educación primaria».
La otra escuela, la oficial, le aburría: se escapaba de la escuela privada saltando su muro trasero para ir a la orilla del Tuo, a mirar el ir y venir de los barcos y a las mujeres que golpeaban la ropa al lavarla. En el centro del patio, la audioguía reconstruye cómo empezó a contarse aquí la Fenghuang que luego llenaría sus novelas.
Una mesa vieja y una casa vendida
Estudio con la foto del escritor joven
Resumen de esta parada
A la izquierda del patio queda el estudio, una habitación austera: una mesa de madera vieja, unas sillas, una librería y, en la pared, una foto del escritor joven, de cara delgada y mirada terca. Al lado, en el ala lateral y bajo la luz de las celosías, las vitrinas reúnen sus libros, «Ciudad fronteriza», «Notas de un viaje por Hunan», «Autobiografía de Congwen», «El largo río», y los 32 tomos de sus Obras completas, alineados uno tras otro.
La casa del general no aguantó una generación más. Tras la fundación de la República de China en 1912, el padre, Shen Zongsi, se sumó a un complot fallido para asesinar al presidente Yuan Shikai y tuvo que esconderse en Mongolia Interior; desde entonces la fortuna familiar fue menguando. En 1917, con la mayor parte de las tierras ya vendidas, Shen Congwen terminó la primaria y dejó la casa: con unos 14 años entró en una milicia local y después sirvió como escribiente en un regimiento en Chenzhou. Cuando volvió en 1919, con el padre desaparecido, él y su madre acordaron vender la casa y marcharse a Zhijiang, al amparo de un tío jefe de la policía local.
Detrás de las fotos de familia hay además una sombra, la de su hermano pequeño Shen Quan, apodado Balu, conocido tirador que en 1937 mandó un regimiento contra los japoneses y salió de la batalla con poco más de cien hombres. Su final, en 1951, es una historia contada de oídas y a veces mal fechada, y en el estudio, la narración la relata con la cautela que merece, junto a los tomos que su hermano llegó a escribir.
Volver a casa como huésped
Retrato y busto del salón principal
Resumen de esta parada
El recorrido desemboca en el salón principal del patio trasero, presidido por un retrato del escritor con gafas y, debajo, un busto de rostro sonriente. En las estancias de alrededor, en penumbra, esperan muebles viejos de pintura desconchada: buena parte procede de su casa de Pekín, la ciudad a la que llegó en 1923 y donde murió, y se trajo hasta Fenghuang. Sobre la pared de tablones cuelga el rollo en caligrafía regular que su nieta, Shen Hong, escribió a pincel y entre lágrimas al visitar la casa en febrero de 1991.
Entre las fotos de distintas épocas hay una que él prefería a todas las de su vejez: la tomada en el arroyo Jinbianxi de Zhangjiajie, ya con unos 80 años, en la que su esposa, Zhang Zhaohe, le arregla el cuello de la camisa. Es del último viaje de regreso, el de 1982, antes del cual cambió su nacionalidad étnica oficial a miao. Hijo de un padre de ascendencia han y miao y de una madre tujia, había guardado en secreto hasta los años ochenta el origen de su madre y de su abuela paterna, y aun así se consideraba miao.
En aquel regreso no durmió en la casa donde había nacido, sino en la de otro, y lloró en silencio al oír los tambores y gongs de una función de nuo. Volvió del todo en 1988: murió en Pekín, parte de sus cenizas se esparció en el Tuo y el resto descansa al pie del monte Tingtao, junto a una piedra de cinco colores que él mismo eligió. Ese mismo año la casa abrió al público. En el salón del fondo, la última parada de la audioguía cuenta cómo fue aquel viaje de vuelta y qué hizo llorar al escritor.