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Casas sobre pilotes de Huilongge

Foto: 韩笃一, Public domain

Casas colgadas sobre el río

Audioguía Casas sobre pilotes de Huilongge (Huilongge Diaojiaolou)

Fenghuang · 4 paradas · 45 min

Una hilera de unos 240 metros de casas de madera que dan la fachada a la vieja calle de losas y cuelgan la espalda sobre el río Tuo, sostenidas por los pilares delgados que Shen Congwen llamó «patas flacas».

  • 45 min de audio
  • Dinastía Qing

En el sureste del casco antiguo de Fenghuang, las casas sobre pilotes de Huilongge dan por delante al antiguo camino oficial y por detrás quedan colgadas sobre el Tuo. Sus edificios datan de la dinastía Qing y de los primeros años de la República de China, y se levantan con un truco antiguo: la ladera recortada en terraza, largos pilares de madera bajo su borde y, encima, una casa de dos pisos con el establo suspendido debajo, sobre el agua.

Esas patas flacas son también su punto débil. El 15 de julio de 2014 una crecida extraordinaria del Tuo sumergió por completo las plantas bajas de las casas de la orilla, y hacia 2025 muchas se habían reforzado con ladrillo y piedra, de modo que los pilares de madera van desapareciendo. La misma calle, hoy de bares y posadas, termina en silencio al pie del monte Tingtao, donde descansa Shen Congwen.

Qué ver

  • Pilares de madera en el Tuo — las patas flacas y desvalidas que describió Shen Congwen
  • Hilera de unos 240 metros — casas de madera de época Qing y de los primeros años de la República
  • Vestíbulos volados — plantas de madera suspendidas sobre el río, con el antiguo establo debajo
  • Bases de ladrillo y piedra — el refuerzo que va sustituyendo a los viejos postes de madera
  • Calle de losas de Huilongge — el antiguo camino oficial, hoy de bares y posadas, hasta la tumba de Shen Congwen

En el sureste del casco antiguo de Fenghuang, una hilera de casas de madera vive con dos caras. Por delante, las Casas sobre pilotes de Huilongge (回龙阁吊脚楼群, Huilongge Diaojiaolou) dan al antiguo camino oficial, una calle de losas; por detrás, cuelgan sobre el río Tuo, apoyadas en pilares largos y delgados. El conjunto se estira unos 240 metros a lo largo de la orilla, y sus edificios datan de la dinastía Qing y de los primeros años de la República de China.

La historia de las Casas sobre pilotes de Huilongge va unida a la de su calle. Esa calle de losas forma parte del eje comercial de más de 3.000 metros que cruza Fenghuang y sigue hasta Jieguanting, el pabellón donde se recibía a los funcionarios, y hasta la tumba de Shen Congwen. Se formó entre las dinastías Yuan y Ming y conserva el trazado de época Qing; alguna guía la presenta incluso como la calle más antigua del casco, una primacía en la que no todas las fuentes coinciden. Tampoco hay acuerdo sobre el apellido de estas casas: unas fuentes las llaman casas colgadas tujia y otras subrayan sus rasgos marcadamente miao. Ambas etnias conviven en Fenghuang y la tipología es compartida.

La arquitectura de las casas sobre pilotes resuelve un problema de pendiente. La ladera se recorta en una terraza de tierra, unos pilares sostienen bajo su borde un vestíbulo suspendido sobre el agua y encima se alza la casa principal de dos pisos, cubierta de teja o de corteza de abeto chino. En las casas junto al Puente Hong, el entramado de madera es de tipo chuandou, en las variantes de «cinco columnas y seis colgantes» o «cinco columnas y ocho colgantes». El escritor Shen Congwen, nacido en Fenghuang, las retrató con dos palabras: xijiao lingding, de patas flacas y desvalidas.

Hoy las casas colgadas son sobre todo tiendas, bares y posadas. Cuánta vida doméstica queda en ellas es materia de debate: una fuente cuenta más de diez familias que siguen viviendo en el conjunto, otra lo da por completamente convertido en negocio y alguna guía asegura que de las viejas casas de la orilla solo quedan unas diez y pico con pilares en el río. Para saber qué ver en las Casas sobre pilotes de Huilongge, la audioguía propone 45 minutos y cuatro paradas: primero desde el agua, en el Puente del Viento; después desde la calle; luego a ras de corriente, en el Puente Guanjing; y por último siguiendo la calle hasta donde se apaga el bullicio.

Desde las posadas de la orilla se ve, río arriba, el Palacio Wanshou, la casa gremial de los mercaderes de Jiangxi; y dentro del casco antiguo, la Casa de Shen Congwen guarda la infancia del escritor que bautizó estas «patas flacas».

Patas flacas sobre el Tuo

Puente del Viento

Resumen de esta parada

A mitad del Puente del Viento aparece la cara que la calle esconde. Desde el agua, Huilongge es una fila de vestíbulos de madera volados sobre el Tuo, sostenidos por postes largos y delgados que bajan hasta la corriente, con ventanas y balcones abiertos al río y una línea continua de tejados de teja negra, escalonada a lo largo de la orilla, con las puntas de los aleros curvadas hacia arriba. Desde aquí se abarca buena parte de la hilera de unos 240 metros que ocupa el sureste del casco antiguo.

Fue esta imagen la que Shen Congwen fijó con la expresión xijiao lingding: casas de patas flacas y desvalidas. Vista desde el puente, la descripción sigue teniendo sentido, y deja en el aire una pregunta sobre cuánto hay de fragilidad y cuánto de oficio en esos pilares de madera.

La orilla tiene además su propia hora. Según una tradición documentada, al amanecer, con el río aún cubierto de niebla, bajo las casas se oye un golpeteo seco y repetido: vecinas que lavan la ropa en el Tuo y la baten a golpes, mientras pasan lugareños con cestos de bambú a la espalda y los primeros turistas. Es el momento en que el pueblo, antes de que abran los bares, todavía es de quienes viven en él, y con ese sonido arranca la narración en el puente.

Fachadas bajas, establos sobre el río

Huilongge

Resumen de esta parada

Al salir del Puente del Viento, ya en Huilongge, la misma casa cambia de escala. La que desde el agua parecía alta y suspendida muestra hacia la calle de losas una fachada baja, casi la de una casa de pueblo cualquiera, con su tienda, su bar o su posada.

El truco está en el terreno. Cada casa se apoya en la ladera de la orilla, recortada en una terraza de tierra con perfil en forma del carácter 厂. Bajo el borde de esa terraza, largos pilares de madera sostienen vigas y tablazón a su misma altura, y así nace el vestíbulo delantero suspendido sobre el río. Sobre la terraza, la casa principal tiene dos pisos: el primero para vivir y el de arriba para guardar enseres, bajo un tejado de teja o de corteza de abeto chino.

Queda un hueco: el espacio entre los pilares, bajo el vestíbulo volado. Allí iban la pocilga, el establo de las vacas o el almacén de trastos. Frente a estas fachadas, la audioguía desmonta pieza a pieza una casa que guardaba a los animales colgados sobre el agua.

La riada de 2014 y el ladrillo nuevo

Puente Guanjing

Resumen de esta parada

Desde el Puente Guanjing, mirando río arriba, el conjunto se ve a ras de agua, y es aquí donde se entiende su punto débil. El 15 de julio de 2014 una crecida extraordinaria del Tuo sumergió por completo la planta baja de las casas de la orilla del casco antiguo y dejó un metro de agua en las zonas llanas de la ciudad.

Entre los postes de madera asoman tramos de muro de ladrillo o de piedra. Hacia 2025, muchas de las viejas casas sobre pilotes, sostenidas en origen por pilares de madera, se habían reforzado así por seguridad, y los pilares van desapareciendo de la orilla: las patas flacas de Shen Congwen se están volviendo escasas.

De noche, el mismo río se llena de pequeñas llamas. A lo largo del Tuo se venden farolillos de papel que se encienden, se depositan en el agua y bajan con la corriente entre los reflejos de las casas iluminadas; según la creencia popular, cada uno lleva un deseo. Hacia 2014 eran tan baratos que, en temporada alta, un yuan daba para ocho farolillos pequeños y, en temporada baja, para doce. En el puente, la narración pone frente a frente la crecida y esos deseos que viajan por el mismo cauce.

La calle que acaba en Shen Congwen

Tumba de Shen Congwen

Resumen de esta parada

La calle de losas de Huilongge fue camino oficial y hoy es una sucesión de negocios: los bares se concentran en la primera mitad y las posadas en la segunda. Forma parte del eje comercial de más de 3.000 metros que atraviesa Fenghuang y, según una de las fuentes, entre tiendas y hostales todavía viven más de diez familias. Desde algunas posadas de la orilla se ven, río arriba, la Pagoda Wanming, la curva de Shawan y el Palacio Wanshou.

Río abajo, más allá de los bares, el gentío se va aclarando hasta que, al pie del monte Tingtao, casi todo es silencio. Allí descansa Shen Congwen, vuelto a su tierra tras más de sesenta años lejos de ella. No hay túmulo: solo una lápida de piedra de cinco colores y, más arriba, una gran roca natural con unas líneas compuestas con su propia caligrafía: «Pensando como yo pienso, se me puede entender; pensando como yo pienso, se puede conocer a las personas».

Junto a la lápida se alza una estela que levantó el pintor Huang Yongyu, con una frase seca que no suena a elogio. Al pie del monte Tingtao, la última parada de la audioguía revela qué dice esa frase y por qué es el final justo para la calle de las casas de patas flacas.

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