Casa gremial Qing
Audioguía Palacio Wanshou
La casa gremial que los mercaderes de Jiangxi levantaron junto al río Tuo con sus tres puertas alineadas con los tres arcos del puente Hong, para que la riqueza entrase con el agua, y que sobrevivió a ser imprenta de billetes, cuartel y escuela.
- 40 min de audio
- Dinastía Qing
Lo construyeron en 1755, año 20 del emperador Qianlong, los comerciantes de la provincia de Jiangxi que hacían negocios en Fenghuang, y durante casi 200 años fue su casa gremial, consagrada a su patrón Xu Zhenjun. En 1854 Yang Si le añadió el Pabellón Xichang y en 1928 se levantó la Torre Yang junto a la portada. El siglo XX lo convirtió en imprenta de billetes, cuartel, fábrica de tejidos, escuela y granero, y de todo el conjunto solo sobrevivieron la gran portada y el salón principal. Hoy es el Museo de Arte de Fenghuang y, fuera de Jiangxi, uno de los dos Wanshou mejor conservados de China.
A su lado se alza la pagoda Wanming, la de los Diez Mil Nombres. Ocupa el sitio de un horno-torre donde se quemaba con respeto el papel escrito, derribado durante la Revolución Cultural, y la levantaron entre 1985 y 1988 los vecinos de Fenghuang a iniciativa del pintor Huang Yongyu. Y cuenta la leyenda que, en la ladera de enfrente, la gente del lugar respondió a los ricos forasteros con un duelo mudo de templos, ventanas y agujas.
Qué ver
- Gran portada de tres puertas — Alineadas con los tres arcos del puente Hong, a unos 100 m río arriba
- Escenario de ópera de dos pisos — Danzas y folclore cada día frente al salón principal
- Salón principal — 22 columnas, la imagen de Xu Zhenjun y la tablilla de la Columna de Hierro
- Cumbrera de porcelana — Una calabaza vidriada entre dos dragones hechos con fragmentos de colores
- Pagoda Wanming — 7 pisos hexagonales levantados por todo un pueblo sobre las ruinas de un horno de papel
A orillas del río Tuo, un centenar de metros aguas abajo del puente Hong, se levanta el Palacio Wanshou (万寿宫), también llamado Casa Gremial de Jiangxi. No lo construyó un clan de Fenghuang ni un funcionario imperial, sino gente de fuera: los comerciantes de la provincia de Jiangxi que hacían negocios en la ciudad y que necesitaban, lejos de casa, un lugar propio donde reunirse, rezar a su patrón y dormir entre paisanos. La mayoría de las fuentes fecha su construcción en 1755, año 20 del emperador Qianlong; otra la adelanta a 1747, y una tercera sitúa su origen a finales de los Ming o comienzos de los Qing, con 1755 como el año de la gran obra.
La historia del Palacio Wanshou se escribió por capas. En 1854, año 4 de Xianfeng, Yang Si añadió el Pabellón Xichang en el lado oeste; en 1928, año 17 de la República, se levantó la Torre Yang junto al lado norte de la puerta principal. Después llegaron usos que ningún mercader habría imaginado: durante la República y los primeros años de la República Popular, el recinto fue imprenta de billetes, cuartel de supresión del bandidaje de los condados de Feng, Ma y Lu, fábrica de tejidos, escuela primaria y almacén de grano. La mayoría de los salones se reformaron o se derribaron. Solo quedaron en pie la gran portada y el salón principal, y aun así es, junto al de Huize, en Yunnan, uno de los dos Wanshou mejor conservados fuera de Jiangxi.
Su arquitectura se entiende desde el río. Las tres puertas de la portada miran de frente a los tres arcos del puente Hong; tras ellas, nueve peldaños flanqueados por leones de piedra suben hacia el patio, donde un escenario de ópera de dos pisos se enfrenta al salón principal, sostenido por 22 columnas. En lo alto, la cumbrera de teja pequeña despliega nubes, flores y animales, con acróteras chiwen en los extremos y, en el centro, una calabaza vidriada entre dos dragones hechos con fragmentos de porcelana roja, naranja, amarilla, azul y morada. Hoy el antiguo gremio acoge el Museo de Arte de Fenghuang, con una sala dedicada al pintor Huang Yongyu, y a su lado se alza la pagoda Wanming.
Para saber qué ver en el Palacio Wanshou, la audioguía lo recorre en cuatro paradas y 40 minutos: de la portada que mira al puente al patio del escenario, del salón del patrón al pie de la pagoda, junto al agua. El hilo es uno solo: la casa lejos de casa de unos forasteros que abrieron sus puertas al río para que la fortuna entrase con él.
Sus puertas miran al Puente Hong, un centenar de metros río arriba, y río abajo se extienden las Casas sobre pilotes de Huilongge, colgadas sobre el mismo río.
Tres puertas apuntando al puente Hong
Palacio Wanshou
Resumen de esta parada
El recorrido empieza ante la gran portada, una de las dos piezas del conjunto que resistieron el siglo XX. Es alta y se abre en tres puertas, y su orientación no es casual: las tres miran de frente a los tres arcos del puente Hong, visible a unos 100 metros río arriba. La idea era que la riqueza entrase en el palacio igual que el agua del Tuo llega a la ciudad, empujada por la corriente y a través del puente.
Quienes la diseñaron así fueron los comerciantes de Jiangxi establecidos en Fenghuang, que en 1755 levantaron aquí su casa gremial. Pegada al lado norte de la portada asoma la Torre Yang, añadida en 1928, cuando el edificio llevaba ya más de un siglo y medio en pie. Fuera de su provincia de origen, solo el Wanshou de Huize, en Yunnan, se conserva tan bien como este.
Ese eje entre puertas y arcos es la primera clave para leer el edificio, y no termina en el umbral. Frente a la portada, la narración cuenta hasta dónde llega esa línea trazada desde el río.
Del refugio de mercaderes al cuartel
Escenario de ópera de dos pisos
Resumen de esta parada
Tras la puerta, una escalinata de nueve peldaños con una pareja de leones de piedra tallados eleva el salón de acceso sobre el patio. Frente al salón principal, a la derecha de la entrada, se alza un escenario de ópera antiguo de dos pisos que no ha perdido su función: en él se representan cada día danzas y espectáculos de folclore, cada media hora de 8.30 a 12.00.
Durante casi 200 años, el recinto fue la casa de los mercaderes de Jiangxi en Fenghuang. Se cuenta que cualquier comerciante de esa provincia que hiciera negocios lejos de casa podía alojarse gratis en un Wanshou, bajo la protección de su patrón: era una red de hospitalidad entre paisanos, mucho antes de que existieran las posadas con reserva. Un mercader que remontaba el río hasta esta ciudad sabía que aquí tenía techo.
El siglo XX rompió esa costumbre sin contemplaciones. Imprenta de billetes, cuartel contra el bandidaje de tres condados, fábrica de tejidos, escuela primaria y granero: cada uso dejó su huella, y la mayoría de los salones desapareció o se reformó. En el patio, la audioguía reconstruye ese recorrido de refugio a cuartel ante el escenario que hoy vuelve a sonar.
La Columna de Hierro y el rayo de sol
Imagen de Xu Zhenjun
Resumen de esta parada
El salón principal descansa sobre 22 columnas unidas por vigas y dinteles que forman una armadura de madera de gran luz. Dentro guarda la imagen de Xu Zhenjun, el señor de Jingyang, nombre por el que se conoce a Xu Xun, el patrón protector al que los emigrantes de Jiangxi dedicaban sus Wanshou por toda China. Sobre el salón, una tablilla horizontal lleva cuatro caracteres, 铁柱功崇, «Tiezhu gong chong»: «Excelso el mérito de la Columna de Hierro».
Esos cuatro caracteres remiten a una leyenda fundacional nacida en Nanchang, recogida por la tradición. Hace más de 1600 años, un dragón jiao levantaba tempestades en el muelle del río Zhang y arrasaba la ciudad. Xu Xun, que había dejado su cargo de magistrado de Jingyang, lo combatió con su espada mágica, fundió una columna de hierro y lo dejó encadenado en un pozo profundo junto a la puerta Guangrun. Cuando ascendió al cielo, los vecinos le levantaron allí un santuario, el Wanshou de la Columna de Hierro, casa madre de todos los que los comerciantes de Jiangxi fueron levantando por el país.
Una tradición local añade un detalle que cierra el eje visto desde fuera: en los días despejados de verano y otoño, el sol poniente se refleja en el Tuo, cruza el arco central del puente Hong y entra por la puerta del medio del palacio. Dónde se detiene esa luz se cuenta en la narración, ante la imagen del patrón.
Diez mil nombres para una torre caída
Pagoda Wanming
Resumen de esta parada
Hacia el oeste del conjunto se encuentra el Pabellón Xichang, el añadido de 1854, y más allá, en la ribera norte de Shawan, la pagoda Wanming. Ocupa el lugar de la torre Zizhilu, un horno donde se quemaba con respeto el papel escrito: una torre hexagonal de ladrillo de tres pisos y 11 metros, que la mayoría de las fuentes data en la era Jiaqing (1796-1820) y otra en 1776. La Revolución Cultural la redujo a ruinas. En 1985, el pintor Huang Yongyu, natural de Fenghuang y cuya obra tiene hoy sala propia en el museo del antiguo gremio, impulsó con los vecinos y el gobierno local una nueva pagoda, terminada en 1988. Se llamó Wanming, «de los Diez Mil Nombres», por el esfuerzo colectivo que la pagó.
Tiene siete pisos hexagonales de ladrillo gris, mortero y hormigón armado, con 4,5 metros de diámetro en la base, que se reducen 0,3 metros en cada piso, y campanillas de cobre en los aleros; su altura es de 22,98 metros, aunque alguna fuente da 21. Sobre la puerta que da al río figuran los caracteres 万名塔, y en el primer piso, seis pareados de personajes ilustres. No se puede subir, pero sus muros siguen sumando nombres: los visitantes dejan firmas e inscripciones, algunas a más de dos metros de altura. Desde su pie, mirando al oeste, se ve el puente Hong con su pabellón, el mismo eje al que apuntan las tres puertas del palacio.
Cuenta la leyenda que entre los vecinos de Fenghuang y los comerciantes de Jiangxi hubo un pulso mudo de templos: unas enormes ventanas redondas en la ladera de enfrente, una pequeña pagoda blanca en Shawan, distinta de esta, y una figura inquietante en un templo budista. Al pie de la pagoda, junto al agua, la audioguía cierra el recorrido desvelando quién miraba a quién en ese duelo librado a ambos lados del Tuo.